Temas del día:

"El error fue pensar que Perón era revolucionario"

La escritora y politóloga habla de los años 70 en Argentina, antes del golpe militar, con el justicialismo en el poder y la puja entre la izquierda y la derecha del movimiento.

24 de octubre de 2010 a las 12:02 a. m.
"El error fue pensar que Perón era revolucionario"

Antes del horror de la dictadura, la Argentina vivió una agitada etapa democrática bajo el gobierno justicialista, entre 1973 y 1976. En esos años se desencadenó la fuerte interna entre la derecha y la izquierda del peronismo y el Gobierno nacional intervino las provincias "montoneras", es decir, aquéllas administradas por el ala izquierda del partido (entre éstas, Córdoba). Sobre este tema, Alicia Servetto, secretaria académica y docente del Centro de Estudios Avanzados (CEA), de la Universidad Nacional (UNC), publicó el libro 73-76. El gobierno peronista contra las "provincias montoneras" (ver De la política a los tiros ). –¿Cómo define la Argentina de los '70, cuando regresa el peronismo al poder? –Estaba cruzada por múltiples conflictos. El retorno del peronismo había generado una expectativa en torno a la cual algunos veían la puerta para la revolución y otros el inicio de un orden social. Esas expectativas potenciaron los conflictos porque depositaron en el peronismo distintos intereses. –¿Cuánto incidió el contexto internacional? –Estaba la Guerra Fría (entre Estados Unidos y la por entonces Unión Soviética, por la supremacía mundial) con el discurso de que existían dos polos antagónicos; había una lógica en la cual se estaba en un bando o en otro bando. Eso recae sobre la Argentina y domina el juego político de los '70. –El ex presidente Juan Perón alentó a las "formaciones especiales" (la guerrilla) desde el exilio. ¿Qué responsabilidad tiene en lo sucedido? ¿Y qué les cabe a los otros actores de la política? –Todos fueron responsables. La diferencia es que el peronismo ocupó el gobierno y tuvo una responsabilidad mayor. Desde el exilio, Perón alentó a las formaciones especiales y no impugnó ninguna de las acciones montoneras. Cuando regresó, llamó a la guerrilla a institucionalizarse y tuvo serias dificultades para disciplinar a su propio partido. –¿La disputa entre la izquierda y la derecha en el peronismo era de fondo, ideológica o tenía mucho de coyuntural? –En ese momento hubo una eclosión y la división tuvo una visibilidad mucho más fuerte. Pero con el peronismo se identifican desde la izquierda revolucionaria hasta la derecha más nacionalista. Y eso pasó en los '70 y pasa en la actualidad. El peronismo está atravesado por una multiplicidad de actores. Quizá la raíz está en la heterogeneidad de intereses de los que se identifican con el peronismo. Izquierda y derecha–Cuando Perón echó a los Montoneros de la Plaza de Mayo, en el acto del 1° de mayo de 1974, adoptó una opción sin retorno... –Perón regresó el 20 de junio de 1973 y a los sucesos de violencia de Ezeiza, al día siguiente, no los mencionó, ni los impugnó, ni los investigó. Nadie fue preso por la matanza. Desde el Estado aseguró la impunidad de un sector del peronismo e inició una ofensiva para desplazar a los sectores radicalizados del movimiento. Así se produjeron las intervenciones federales. La expulsión de los Montoneros debe verse en ese proceso; llega el momento en que Perón se define claramente a favor de los sindicalistas. –¿Por qué cree que fue así? –Quizá a Perón le molestaba que lo interpelaran. Y la Juventud Peronista lo interpeló en la Plaza, cuando le cantó "Qué pasa, general, que está lleno de gorilas el gobierno popular". Pero no fue ése el motivo principal por el que los echó. Había un proceso de ruptura con la JP que se inició el 20 de junio de 1973 y terminó el 1° de mayo de 1974. Perón se apoyó en los sectores verticalistas y ortodoxos del peronismo y dio varias señales. Lo de Ezeiza fue claro; en agosto de 1973, antes de asumir la presidencia, reunió a los gobernadores y les advirtió: "Ojo con sacar los pies del plato"; en octubre de ese año hubo una orden reservada con la cual se inició una guerra para combatir a los "infiltrados" en el movimiento peronista; en noviembre intervino Formosa; en enero del '74 destituyó a Oscar Bidegain (gobernador de Buenos Aires); en febrero intervino Córdoba. Y en ese marco reformó la Ley de Asociaciones Profesionales, dándole más poder a la ortodoxia sindical, y la Ley de Código de Trabajo, que avaló la Ley de Prescindibilidad, por la cual podía ser echado cualquier empleado con conductas sospechosas. –¿Adopta ese camino más por convicción ideológica o por necesidad, ante una situación difícil de controlar? –Creo que el error fue pensar que Perón era revolucionario. Era un militar con fuerte animadversión por el comunismo, que de ninguna forma podía apoyarse en los sectores revolucionarios del peronismo. Está claro por qué no se apoyó en ellos ¿Por qué se apoyó en la ortodoxia? Porque para él la lógica de la política eran las representaciones parlamentaria y corporativa. El movimiento obrero para él era un factor de negociación y poder, para lo cual necesitaba que estuviera subordinado al Estado. Sin calidad institucional –Hoy lo acusarían de gobernar con baja calidad institucional. –Sí, Perón se valió de métodos legales y también extralegales para desplazar a los "infiltrados". Y en los métodos extralegales están Ezeiza, el Navarrazo (cuando fue echado el gobernador Ricardo Obregón Cano, en febrero de 1974, mediante una asonada encabezada por el jefe de Policía Antonio Navarro), que fue avalado y legitimado con la intervención a la Provincia. –El período 1973-76 suele ser difícil de abordar. Al peronismo le cuesta asumirlo frontalmente. –El peronismo no procesa que la crisis de los '70 fue en gran parte producto de su crisis interna. Hay que trabajar el tema de las intervenciones federales, de la Triple A, de los desaparecidos durante el tercer gobierno peronista. El último interventor (en Córdoba) antes del golpe fue Raúl Bercovich Rodríguez. La Conadep Córdoba registra 50 casos de desaparición de personas antes del golpe, bajo un gobierno constitucional. –¿Cómo observa la Argentina de hoy en comparación con aquella? Hay tensión política, pero en otro contexto. –Las condiciones actuales son distintas. Hay una institucionalidad mucho más marcada y los conflictos se institucionalizan. Sí existe un juego político muy polarizado, de confrontación. El Gobierno actual rescata los ideales de los '70, pero en ese discurso no hay mención a Montoneros, a la disputa interna del peronismo.