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El cerebro y la discapacidad

Oliver Sacks (Londres, 1933) es médico neurólogo y excelente escritor. Leer las crónicas basadas en sus notas clínicas es una experiencia fascinante que nos pone en contacto con increíbles historias de vida. Rogelio Demarchi.

18 de marzo de 2012 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (Especial)
El cerebro y la discapacidad
Los ojos de la mente (Anagrama, 2011), de Oliver Sacks, gira alrededor de los problemas de visión y cómo el cerebro los compensa de una u otra manera.

Oliver Sacks (Londres, 1933) es médico neurólogo y excelente escritor. Leer las crónicas basadas en sus notas clínicas es una experiencia fascinante que nos pone en contacto con increíbles historias de vida, nos enseña el funcionamiento de nuestro organismo y nos presenta los grandes interrogantes de la ciencia médica (que, aunque nos cueste admitirlo, no sabe todo lo que desearíamos que supiese). ¿Se acuerdan de la película Despertares , con Robert De Niro y Robin Williams? Está basada en uno de sus libros.

Los ojos de la mente (Anagrama, 2011) gira alrededor de los graves problemas en la visión que han enfrentado distintas personas. Y en el medio de todas ellas, está el propio Sacks como paciente relatándonos cómo percibió y cómo le impactó la pérdida de la visión del ojo derecho, primero de manera parcial y más tarde en forma total, por un melanoma (ese segmento del libro se cierra con la sospecha de que ese ojo ha quedado ciego para siempre).

¿Se puede transmitir con palabras exactamente lo que se ve y se siente en esas circunstancias? Sí, los ciegos lo han demostrado en muchas oportunidades, aun cuando se siga discutiendo en el campo científico la relación entre la visión y la imaginación visual, a la que remite el título del libro: ¿tiene ojos (o, para poner otro caso, oídos) nuestra mente?

“Se ha observado a menudo que los niños ciegos de nacimiento suelen tener una memoria superior a la media y ser verbalmente precoces. Pueden ser capaces de desarrollar tal fluidez en la descripción verbal de las caras y lugares que los demás (y quizás ellos mismos) acaban dudando de si son realmente ciegos. Los textos de Helen Keller, por poner un ejemplo famoso, sorprenden por su cualidad espléndidamente visual”.

Pero Sacks entiende que no todos los seres humanos nos adaptamos de la misma manera al mismo problema. Él pudo adaptarse, en el primer estadio de su enfermedad, a la pérdida de la visión tridimensional (que es lo que nos permite distinguir lo que está lejos de lo que está cerca), aun cuando la bidimensionalidad le causase extrañas percepciones: “Mi imagen en el espejo ya no parece estar detrás del espejo; parece hallarse en el mismo plano que la superficie de este. En el espejo me veo manchas en la ropa e intento quitármelas con la mano, hasta que me doy cuenta de que se trata de manchas en la superficie del propio espejo”.

Luego pierde la visión de un ojo. “No tengo conciencia de lo que ocurre ahí (se refiere al lado derecho de la nariz), y todo lo que entra en mi campo visual desde ese lado es inesperado y me sobresalta”. Entonces, siente que algo en su cerebro se apaga: el lado derecho de su campo visual “ya no tiene representaciones en él”. ¿Pone esto en duda la existencia de los ojos de la mente? No. Falta saber cómo se adaptará su cerebro a esta discapacidad para superarla y la fuerza anímica con que cuente el sujeto.