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De tanto intentar protegerlos, los dejamos desvalidos

El ser humano se encuentra preso de una situación paradójica: es el ser vivo más desarrollado, con capacidades que lo distinguen del resto de las especies vivas, pero a su vez es el más vulnerable y dependiente en el momento de su nacimiento. Daniel Schmukler.

29 de enero de 2012 a las 12:02 a. m.
Daniel Schmukler*
De tanto intentar protegerlos, los dejamos desvalidos

El ser humano se encuentra preso de una situación paradójica: es el ser vivo más desarrollado, con capacidades que lo distinguen del resto de las especies vivas, pero a su vez es el más vulnerable y dependiente en el momento de su nacimiento. Sin el sostén y apoyo de sus padres o sustitutos, ningún bebé podría subsistir. Y esto se mantiene así por un tiempo prolongado. A partir de este momento inaugural de dependencia absoluta, el niño comienza el lento camino que lo llevará hacia la independencia. Independencia que será siempre relativa, ya que es un ser social por definición.¿Cómo se logra la madurez que nos permita luego funcionar en forma autónoma?Básicamente a través de la experiencia, la exploración del mundo y al mecanismo de prueba y error.Vemos una realidad que se impone en la actualidad. Existe en los padres cada vez más una tendencia a la sobreprotección y al excesivo cuidado y control de sus hijos. Debido a los problemas de inseguridad, a la hostilidad cada vez mayor que se vive en las grandes ciudades, los adultos nos encontramos cada vez con más dificultades y temores para dejar que nuestros hijos exploren el mundo.Hoy, casi ningún niño en escolaridad primaria va solo caminando a su escuela, así ésta esté a un par de cuadras de su casa. Tampoco puede ir a jugar con otros niños a la plaza del barrio, si es que hay alguna. Por otra parte, desde edades cada vez más tempranas se les da un celular para poder estar permanentemente comunicados. Se cuenta, además, con la ayuda de la tecnología, que permite a los niños y jóvenes jugar, entretenerse y relacionarse con sus pares sin moverse de su cuarto, a través de una pantalla.Poco a poco, se va creando una "burbuja de protección", que impide al niño conocer y aprender a manejarse con el afuera. Acá se nos presenta nuevamente una paradoja: de tanto intentar protegerlo, dejamos al niño desvalido para el momento en que necesariamente deba enfrentar la realidad de la vida cotidiana.En algunos casos extremos, esto llega incluso hasta el momento de comenzar los estudios universitarios, o al conseguir su primer trabajo. Vemos entonces jóvenes desorientados, confundidos, sin entender muy bien qué hacer.Una escena de la película Ray , que es la biografía del músico ciego Ray Charles, ejemplifica lo que para mí sería un camino posible a adoptar. En un momento en que Ray, siendo niño, está quedándose completamente ciego, cuando aún no ha aprendido a manejarse con esa realidad que se le impone, se lo ve caminar hacia un obstáculo con el cual inevitablemente chocará. A pocos metros lo observa su madre, que con lágrimas en los ojos contiene el impulso de agarrarlo. Sabe que él tiene que aprender a valerse por sí mismo o será dependiente de ella para siempre.Es un buen ejemplo de un posible camino a seguir: alertar y explicar a nuestros hijos, de acuerdo a las diferentes edades y momentos madurativos, sobre los posibles peligros y situaciones con las que deberán enfrentarse. Y luego, sin dejar de observarlos desde una cierta distancia, permitirles que hagan su propia experiencia y aprendizaje, aunque a veces esto implique algún tropezón. A veces, esta conducta de los padres de tratar de mantener a los hijos dentro de la seguridad del hogar refleja los propios temores e inseguridades, que si no son enfrentados servirán también como modelo identificatorio para los hijos, que crecerán pensando que todo lo diferente o desconocido es potencialmente amenazante, con el peligro que esto entraña.

*Psicólogo, especialista en Adolescentes.