Cumbre del humor y de la emoción
Pasaron 40 años desde aquel primer número de "Hortensia", pero sus protagonistas mantienen intacto el sentimiento.
La idea saltó como una chispa del asador durante una parada en el quincho de Edgardo "el Gordo" Oviedo para celebrar la amistad. El destello desató una fogata de entusiasmo sobre la mesa cubierta de achuras. Hortensia cumplía 40 años y daba motivos de sobra para reunir a los "irresponsables" que la hicieron y compartir una picada y muchos recuerdos. La Voz del Interior apareció como el lugar natural para el reencuentro. Es que la vieja redacción de avenida Colón 39 fue la cocina donde Alberto Cognigni, el padre de la criatura, preparó la receta más original y exitosa del humor distintivo de la cordobesía. La cita fue en la sede integral del diario el martes último, a las 11.30. Roberto Di Palma fue el primero en llegar. Le siguieron Jorge Mansilla y Horacio Gramajo, los actores que interpretan a Negrazón y Chaveta en la sala Miguel Iriarte de la Casa de la Cultura (Lima 40), los sábados y domingos. Pese al friazononón que calaba hasta los huesos, vinieron en "la Pumarola".Oviedo y Antonio Granero se fundieron en un ruidoso abrazo en el estacionamiento. "Cascote", rápido de reflejos, disparó un piropo letal sobre la humanidad de Susana. La hija del "Gordo", una morocha "que corta el aliento" (según el autor del halago), y vive en España desde hace casi tres décadas. Es directora de teatro y en este momento está presentando en Madrid una obra sobre Miguel de Cervantes. Vino a visitar a su papá y a chocar la copa en el brindis con sus "Hortensios del alma".El alboroto alcanzó su punto más estruendoso cuando se sumaron a la partida Manuel Peirotti (Peiró), Gonio Ferrari, Omar Fabaz, Oscar Salas y Aldo Cuel. Luego, la emoción tuvo un pico de intensidad en el auditorio Carlos Ortiz (otro de los hijos dilectos de la revista), cuando Ana Gioino (Pequi) saludó a sus "chicos" desde el otro lado del mundo. Vive desde 1982 en Melbourne, Australia. Se comunicó con sus compañeros del alma a través de una videoconferencia; allá eran las 3 de la mañana. Marlene Pohle y Tomás Gulle también están lejos y tampoco quisieron perderse la fiesta. Se comunicaron por teléfono desde Stuttgart (Alemania) y Monza (Italia), respectivamente. Lo que siguió fue sentimiento puro y los protagonistas del reencuentro memorable lo vivieron y lo disfrutaron a corazón abierto.

