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Conversaciones entre escritores (2)

Cuando el lector es invitado a participar de una conversación entre escritores, enriquece su percepción de la creación literaria. Segunda y última entrega: José Saramago. Rogelio Demarchi.

12 de febrero de 2012 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (Especial)
Conversaciones entre escritores (2)

Decíamos el domingo pasado que cuando el lector tiene la posibilidad de conocer el contenido de las conversaciones que mantienen los escritores entre sí, su percepción de la creación literaria se enriquece: a su manera, el escritor se vuelve un trabajador y un ciudadano.

A aquel ejemplo, de carácter local (Andrés Rivera con Lilia Lardone y María Teresa Andruetto), le contraponemos hoy uno internacional: José Saramago. Un retrato apasionado (Capital Intelectual, 2011), de Armando Baptista-Bastos, escritor y periodista nacido en Lisboa en 1934, traducido al español nada menos que por Pilar del Río, última compañera de Saramago.

Además de la conversación entre dos amigos, el libro presenta una serie de testimonios sobre la obra de Saramago, una “Breve nota autobiográfica” y una detallada cronología de su vida que contiene hasta el discurso de aceptación del Premio Nobel (1998).

Baptista-Bastos busca contarlo o preguntarlo todo. El entrevistado, con paciencia y afecto, busca satisfacerlo.

Así, Baptista-Bastos comenta el método de trabajo de Saramago con lujo de detalles: “Comienza a trabajar por la mañana, habitualmente a partir de las 10. Se encierra en su gabinete, música suave, elegida, repaso de lo escrito, corte y añadido de palabras. La primera refección es ligera. El almuerzo, breve y frugal. Duerme la siesta, dos horas. Largas caminadas por la isla. Conversaciones con las personas que 
lo tratan con efusividad. Vuelve 
al trabajo. Lee, estudia, responde 
a la correspondencia. La cena 
también es rápida. Televisión, noticiarios. Periódicos: españoles y 
portugueses”.

Saramago, a su turno, completa y actualiza: “Es verdad que no lo he hecho siempre, pero nunca he abusado del tiempo, en el sentido de estar cinco u ocho horas escribiendo. En este momento y tal vez por una cierta necesidad de compaginar el gusto de vivir donde vivo es, por tanto, la seducción del exterior: el campo, el cielo, el mar, esas cosas que todas me están llamando constantemente, consigo conciliar esas seducciones con la necesidad de seguir trabajando. En este momento me he propuesto el límite de escribir diariamente dos páginas y no más que eso (…) Podría decirse que dos páginas es poco, pero también se puede responder que dos páginas todos los días, al cabo de un año, dan casi 800 páginas”.

George Steiner ha dicho que él escribió una de las más importantes novelas políticas del siglo XX, El año de la muerte de Ricardo Reis (1984), "que también arroja luz sobre uno de los temas más antiguos y en apariencia tratados: la íntima relación entre la creación poética y la muerte". Pero según Saramago, que se interesó por la política gran parte de su vida y llegó a militar en el Partido Comunista, "en sentido lato, todas las novelas son políticas. Madame Bovary es evidentemente una novela política".

La respuesta inteligente y corta para relativizar la opinión del interlocutor es una constante en su diálogo con Baptista-Bastos. Por ejemplo, cuando le pregunta, tomándose de una cita, si Portugal es su remordimiento, responde: “No le llamaría mi remordimiento. Le llamaría mi dolor”.