Chacarera de la discordia
La pelea del Clan Maradona, con sus cruces de acusaciones y amenazas de procesamientos no sólo parece estar lejos de calmarse, sino que amenaza con convertirse en un nuevo factor de división de los argentinos en dos bandos irreconciliables: dieguistas y claudistas.
La pelea del Clan Maradona, con sus cruces de acusaciones y amenazas de procesamientos no sólo parece estar lejos de calmarse, sino que amenaza con convertirse en un nuevo factor de división de los argentinos en dos bandos irreconciliables: dieguistas y claudistas. Y como si no bastara con el clima enrarecido que el choque familiar genera desde los programas de chimentos, a cinco días de las elecciones Paso estalló un altercado de los bravos entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez, los dos candidatos oficialistas a la gobernación de Buenos Aires, que llegaron así más enfrentados que nunca a las urnas. El primero es el jefe de Gabinete del Gobierno nacional y el segundo, el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, es decir que es una pelea de pesos completos para los que gustan de la terminología boxística, o de King Kong y Godzilla, según la mirada de la paleontología.La cuestión es que el choque de titanes armó tanto estruendo, que retumbó en los interiores de la Casa Rosada. La Presidenta, que no sabía el origen del barullo, hizo lo que vienen haciendo los presidentes cuando se escucha algún batifondo externo: corrió la cortina y espió por el balcón de la Casa Rosada. Fue ahí que se dio cuenta de lo que se trataba e inmediatamente tomó cartas en el asunto y ordenó que se parara la bronca.El más enojado era su jefe de Gabinete, visiblemente ofendido porque, según su criterio, su rival en las primarias bonaerenses algo había tenido que ver con una perturbadora denuncia en su contra, y como si no fuera suficiente, había "festejado" la acusación contra su persona bailando públicamente una chacarera en ShowMatch ."Hubo que detenerlo porque había rociado el televisor con una sustancia inflamable y estaba colocándole leña abajo para prenderle fuego, mientras Domínguez evolucionaba con relativa elegancia al compás de la chacarera del Chaqueño Palavecino", indicó un testigo de las reacciones de Fernández al ver a su contrincante en el programa de Tinelli (el funcionario había dicho que a esa hora estaba viendo Animal Planet ).Según esta fuente, al jefe de Gabinete se le habían erizado los bigotes y despotricaba en diversos idiomas, incluso en antiguas lenguas, contra su rival.Siguiendo con este testimonio, el "Tano" Pasman aquel hincha millonario descontrolado frente al televisor cuando River descendía, quedó reducido a un individuo introvertido comparado con Fernández viendo al danzante Domínguez.Finalmente, abatido por lo que acababa de presenciar, el jefe de Gabinete se dejó caer sobre un sillón y decidió cual será su primera medida de gobierno: "Cuando sea gobernador, cada vez que sufra una operación política voy a prohibir por ley y bajo pena de calabozo cualquier tipo de baile público en territorio bonaerense", dijo a sus asesores. Por decreto reglamentario se establecerá además que no se podrán ejecutar ni danzas folklóricas, ni clásicos, ni polkas, ni tango, ni bachata, ni samba, ni foxtrot, ni la cucaracha, nada. "Si es necesario, prohibiré las clases de zumba", bramó Fernández.Domínguez por su parte, no sólo negó cualquier involucramiento en maniobra alguna contra su rival, sino que explicó que no podía dejar de ir a ShowMatch porque era algo que estaba pactado desde hacía días, porque cuando escucha una chacarera no puede contenerse y porque se debía a su público y no podía defraudarlo.Pero hubo un dato que preocupó aún más a quienes buscan poner paños fríos en una contienda que no cede. Fernández habló de "fuego amigo" en la denuncia en su contra, una expresión netamente militar y que es utilizada cuando un ejército es batido por disparos de su propio bando.Los analistas consideran que la utilización de terminología castrense por parte de los contendientes puede estar significando una cosa: una escalada bélica en el conflicto. "Por lo pronto, hemos estudiado el presupuesto del municipio de Quilmes (la tierra chica de Fernández) y no hay partidas para la compra de misiles balísticos de corto alcance que podrían desplegarse mirando hacia el partido de Chacabuco (el terruño de Domínguez), o hacia La Plata, si llega a la gobernación. Pero no nos confiamos, sobre todo porque pueden portar ojivas nucleares", reveló un funcionario del gobierno ataviado con un casco prusiano de la Primera Guerra, mientras apuntaba con unos enormes prismáticos hacia la zona del conflicto.Es que, en definitiva, las internas son como las guerras, se sabe cuando empiezan, pero nunca cuando terminan, suelen ser cruentas y algunas han durado más que la Guerra de los Cien Años.

