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César Tapia

Convencido de que en la vida debía hacer algo por el resto, dejó el seminario y se fue a vivir a uno de los barrios más modestos de Río Tercero. Allí se dedica a ayudar a rehabilitar chicos adictos a las drogas.

04 de noviembre de 2014 a las 12:33 p. m.
César Tapia

Convencido de que en la vida debía hacer algo por el resto, dejó el seminario y alquiló una casa prefabricada en uno de los barrios más modestos de Río Tercero, donde apenas pudo tirar un colchón en el piso. No tenía para más. Sin un peso, pero con esperanzas apeló a los contactos que tenía: un cura y un cardenal que ahora es papa Francisco. Ambos lo potenciaron en lo espiritual.

Desde un lugar estratégico –un barrio humilde donde la droga golpea más de una vez–, Tapia fue plasmando en actos todo lo que tenía en la cabeza para recuperar adictos a la droga. De a poco, se fue ganando la confianza de la sociedad y de un equipo de profesionales.

Así, desde hace seis años funciona la Asociación Civil Nuestra Señora de Luján, que ya cuenta con edificio propio, en un predio de una hectárea cedido en comodato. En esperíodo de tiempo, Tapia consiguió que 15 jóvenes fueran rehabilitados. Los familiares de estos adictos recuperados sostienen que fue como salvarles la vida a los chicos.

Es una gran familia, que gira alrededor de la fe y de la disciplina. Siempre hay algo por hacer, en distintos talleres de albañilería, carpintería, herrería, cocina o jardinería. Pero sobre todo se profundiza en cada sesión con los psicólogos la necesidad de tener un proyecto de vida, una ilusión. “Tengo mucha esperanza, siempre, todo llega”, nos dice el riotercerense que piensa terminar sus días en la institución, en un barrio muy pobre, igual al lugar que lo vio crecer.