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Banda ancha

Casi castigan a la Banda de Gendarmería por el "Bombón asesino", pero la Presidenta puso las cosas en su lugar. Luis Heredia.

13 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
Banda ancha

Todo indicaba que la suerte de la Banda de la Escuela de Suboficiales de Gendarmería estaba echada. Sus magníficas coreografías durante los festejos del Bicentenario habían maravillado al público cordobés, pero en la jefatura de la fuerza consideraron que había ido demasiado lejos con las ejecuciones danzantes de Bombón asesino y Thriller , y las sanciones estaban a punto de caer sobre la agrupación musical. Prueba de esta situación fue un aviso clasificado publicado después del 25 en el que se leía: "Se busca banda que sólo sepa interpretar marchas militares argentinas (como mínimo tres marchas) y el Himno Nacional. En lo posible con experiencia en Retreta del Desierto. Agrupaciones interesadas presentarse en Edificio Centinela, Buenos Aires, en horario de atención al público. Preguntar por el cabo primero Villalba".

Para los conocedores de los códigos castrenses, el mensaje era claro: Gendarmería estaba buscando una nueva banda que respondiera a los cánones tradicionales de la música militar argentina, lo más alejada posible de la estética de Los Palmeras o Damas Gratis.

Mientras tanto, los músicos en vías de castigo ya habían sido separados de sus instrumentos (especialmente el de la pandereta), y se encontraban embarcados en un Hércules para una misión al exterior: estaban a punto de partir a Alaska para colaborar con la guardia fronteriza norteamericana en el monitoreo de los rebaños de caribúes durante el próximo invierno boreal.

Un pormenorizado análisis del video de la actuación de la banda había permitido a Gendarmería determinar que era auténtico y reconocer a todos los miembros de la agrupación. "Sólo nos resta identificar a tres canes que aparecen reiteradamente en el video, pero que no pertenecerían a la fuerza", había asegurado un alto jefe luego de ver las imágenes.

Sin embargo, la advertencia de la presidenta Cristina Kirchner de que a "ningún trasnochado se le ocurra castigar" a la banda, implicó una marcha atrás inmediata de los comandantes escandalizados por las evoluciones rítmicas de los músicos. "A la Presidenta le encantó la banda; paren el avión o los que vamos a terminar en Alaska somos nosotros", fue la orden que llegó por teléfono a la pista, lo que determinó que varios jefes de la fuerza se arrojaran delante del Hércules para impedir el carreteo.

Lo que siguió ya es conocido. Los músicos fueron descendidos presurosamente de la nave, se les reintegraron prestamente los instrumentos (incluido al de la pandereta) y se les dijo que todo había sido un malentendido. Trascartón le solicitaron la ejecución (con coreografía incluida) de Qué tendrá el petiso , el recordado clásico de Ricky Maravilla, tras lo cual sus integrantes algo confundidos fueron afectuosamente felicitados.

En este momento se están analizando las nuevas actuaciones de la banda militar del momento, aunque se le habría recomendado evitar en el repertorio temas como Estoy saliendo con un chabón o la realización del Haka maorí de All Blacks que ya estaban ensayando.

Pero la bendición presidencial a la Banda de Gendarmería no fue la única buena noticia que dejó la semana para los argentinos. En el marco de una gira latinoamericana, el ex mandatario norteamericano Bill Clinton anunció en una disertación en Buenos Aires que la Argentina va a volver a ser top ten entre las naciones del mundo, como en 1910. Como los asistentes estallaron en un "!Volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser primeros... como en el 910!" y se pararon en las butacas al grito de "!Es para Lula que lo mira por TV!", Clinton pidió silencio y aclaró que, según sus cálculos, eso ocurriría dentro de 50 años.

"El tema es que si en 2060 seguimos en zona de descenso, no le vamos a poder reclamar nada porque ya va a estar descansando cómodamente en Arlington", señaló un escéptico integrante del auditorio, que había pasado de la euforia a la desazón con rapidez argentina. Pero la desilusión fue mayor cuando se supo que Clinton les había dicho lo mismo a los peruanos cuando pasó por Lima y a los colombianos mientras estuvo en Bogotá. No hay caso, pasaron 500 años y todavía nos tienen de punto con los espejitos.