Ampliación del campo de batalla
Fue la primera novela de Michel Houellebecq.
Luego de una feroz borrachera en una fiesta, un programador informático parisino de 30 años olvida dónde dejó estacionado su auto y decide denunciarlo como robado. Este hecho, que rápidamente se diluye en la anécdota, enciende el conflicto cuando el hombre se descubra escribiéndolo, analizando su comportamiento con la indiferencia que refracta de su personalidad depresiva, pesimista y misántropa. Cómo escribir eso que le sucede mientras está viviéndolo es algo que se pregunta, en una suerte de introducción seudofilosófica que aprovecha la idea de "una existencia llena de posibilidades inéditas" para contrastarla con aquello que, cree, será el tema central de la obra: "... no podías seguir viviendo en el campo de la norma; por eso tuviste que entrar en el campo de batalla. Durante mucho tiempo has creído en la existencia de otra orilla; ya no. Sin embargo sigues nadando, y con cada movimiento estás más cerca de ahogarte". Con ese tono desesperanzado y provocador que persiste hasta el final, y que incluso se intensifica en una voluntad de autodestrucción in crescendo , el hombre contará la historia a partir de que la empresa para la que trabaja lo manda a distintas ciudades del interior de Francia para dar cursos de formación sobre un sistema operativo destinado a un organismo estatal. Para ello contará con la ayuda de Tisserand, un joven sumamente feo cuya presencia despierta repulsión en las mujeres ("Tisserand está avergonzado de sí mismo, se desprecia, tiene ganas de estar muerto"). Su compañía cansa al narrador porque logra condolerlo de su desgracia y de las consecuencias devastadoras que percibe en su ánimo y su autoestima, a él justamente, quien tiene "una incapacidad congénita para dialogar". La permanencia en esas ciudades sirve para atravesar el texto de observaciones sociológicas críticas hacia el ser humano por su ponderación al egoísmo, la violencia, la falta de solidaridad y el culto a la belleza, valorizándola por encima del éxito económico que, por lo demás, ambos compañeros comparten. También él se siente desplazado sexualmente, sabe que su figura no encaja en ningún arquetipo ("La sexualidad es un sistema de jerarquía social", dice), pero, a diferencia de Tisserand, no le importa en absoluto.Comprende que el hastío no es inocuo ni puede extenderse infinitamente, y ensaya frente a su desgraciado compañero la idea de que el final para los desplazados del sexo puede ser la destrucción del objeto deseado, o, en última instancia, la destrucción propia. Su cinismo parece provenir del fin de su relación, dos años atrás, con Veronique, a quien odia visceralmente ("derroché ese amor para nada; habría hecho mejor rompiéndole ambos brazos"), integrando a la muchacha en un censo íntimo de desprecio que incluye desde el psicoanálisis ("Con la excusa de reconstruir el yo los psicoanalistas proceden, en realidad, a una escandalosa destrucción del ser humano") hasta los dentistas. El narrador, pretendido hijo de Camus, se distingue sin embargo de un Meursault porque no esconde sus instintos violentos. El cuchillo que le ofrece a Tisserand es una prueba límite de esas pulsiones. Ampliación del campo de batalla fue la primera novela de Michel Houellebecq. Supuso, sobre todo, el laboratorio temático, discursivo y formal que gestó sus novelas posteriores. La soledad del hombre y la imposibilidad de ser feliz, tropos circulantes en su obra que una frase de esta novela quizá resume así: "El bosque de Mazas es muy bonito... Se está bien, se puede ser feliz; no hay hombres. Aquí parece que algo es posible. Parece que uno está en un punto de partida".

