Amores fríos
“Por qué duele el amor”. Una explicación sociológica (Capital Intelectual y Katz), 2012. Eva Illouz.
El sufrimiento amoroso es tan antiguo y generalizado como el amor. Pero en cada época y cultura se puede encontrar una manifestación característica de ese sufrimiento, que estaría directamente en línea con lo que en ese contexto histórico o cultural se entiende por amor. Entonces, periódicamente cambia la definición de amor y, en consecuencia, el sufrimiento amoroso. En Por qué duele el amor. Una explicación sociológica (Capital Intelectual y Katz, 2012), Eva Illouz sostiene que, en la actualidad, el tormento amoroso "ha cambiado de contenido, de color y de textura" porque se han transformado "tres aspectos distintos y fundamentales del yo: la voluntad (cómo queremos algo), el reconocimiento (cómo construimos nuestro sentido del valor propio) y el deseo (qué deseamos y cómo lo deseamos)". Esas mutaciones, podría decirse, buscan asegurar la supervivencia ante la catástrofe: "El yo moderno está mucho mejor preparado para afrontar experiencias reiteradas de abandono, ruptura y traición que el yo del pasado, y ello es gracias al desapego, la autonomía, el hedonismo, la ironía y el cinismo" con que afrontamos cada relación. La ecuación es compleja. Hoy la sexualidad y la relación sexual (la gratificación) son más importantes que el amor y la relación amorosa (el compromiso). Lo uno parece ir en contra de lo otro, porque el paso del tiempo los tornaría incompatibles. Ya nadie ingresa en una vida de pareja, entonces, pensando que será para toda la vida: durará lo que dure el bienestar, mientras exista entre ambos cierto "capital erótico". En consecuencia, el ser amado puede (o debe) ser fácilmente sustituible, ya que, vaya paradoja, hoy "el amor es más que un ideal de nuestra cultura: constituye un sostén social del yo".En este punto, vale aclarar que Illouz toma distancia crítica del discurso psicológico que explica los fracasos amorosos en base a la historia psíquica particular del sujeto, y propone como alternativa una explicación sociológica, que extrae las respuestas de las pautas culturales e institucionales de nuestro tiempo. "La organización institucional del matrimonio (basado en la monogamia, la convivencia y la sumatoria de los recursos económicos para incrementar la riqueza) excluye la posibilidad de sostener el amor romántico como pasión intensa y devoradora. Tal contradicción obliga a los agentes a realizar un monto significativo de labor cultural para manejar y conciliar esos dos marcos culturales que compiten entre sí. Dicha yuxtaposición a su vez sirve como ejemplo de que el enojo, la frustración y la decepción que con tanta frecuencia resultan inherentes al amor y el matrimonio, en realidad, se fundan en ciertas disposiciones sociales y culturales". Por todo ello, estaríamos viviendo un amor más frío, menos pasional que en el pasado, lo que podría tener un preocupante correlato político y social: "Uno de los principales supuestos normativos subyacentes en este trabajo es que la pérdida de la pasión y la intensidad emocional constituye una pérdida cultural importante, y que el enfriamiento de las emociones nos puede transformar en personas menos susceptibles a los demás, y por lo tanto, más reacias a conectarnos con los otros mediante un compromiso apasionado".

