Aguanten los suplentones
Si bien nadie dijo nada hasta hoy, hay que hacer una fuerte autocrítica sobre la función de los medios.
Si bien nadie dijo nada hasta hoy, hay que hacer una fuerte autocrítica sobre la función de los medios. Es que por un grosero error periodístico, el miércoles pasado se informó que la selección argentina de fútbol derrotó a Italia 2-1 y eso no fue así. El partido, en realidad terminó 1-1.
Se dan razones: el supuesto segundo gol argentino fue convertido por el jugador Eber Banega, que obviamente no debe computarse.
Banega ingresó al campo de juego en el segundo tiempo, y, por lo tanto..., ¡era suplente!
Y, como bien lo dio a entender nuestra Presidenta, los suplentes no existen, son rufianes, cuatros de copas, inútiles y no pueden hablar, dialogar, hacer goles y mucho menos ser votados por la gente. Los suplentes carecen de derechos. Son parias.
Si Cristina Fernández de Kirchner asegura que ella quiere hablar y discutir con los titulares, no con los suplentes, hay que decirle a Banega que su gol no valió.
¿Qué habrá querido decir la jefa del Estado cuando pronunció semejante cosa en un discurso público? ¿Quiénes tendrán la envergadura para debatir con el oficialismo?
Queda claro que la denominada con, alguna pompa, “década ganada” termina con una derrota dura, que, por lo que se puede apreciar, cuesta muchísimo asimilar.
Con el estilo altanero que exhibe de un tiempo a esta parte y sin abandonar el traje de viuda –a esta altura, innecesario–, la Presidenta subestimó a los opositores, los trató de antiguos y de antidemocráticos. El kirchnerismo es la verdad, podría deducirse al hacer una lectura más o menos detenida de su mensaje. La gente ya se va a dar cuenta del error que cometió.
Después, el caricaturesco senador nacional Aníbal Fernández dijo que no le importa nada la cantidad de votos que haya sacado la oposición. Una curiosa manera de interpretar un acto electoral de parte de alguien que fue ministro del Interior de este Gobierno en su primer tramo. El ministro del Interior es el ministro político de una administración. Y Fernández lo fue. Bueno, a él no le importan los votos.
A esta altura de las cosas, ¿qué sentido tiene no hacerse cargo? ¿Para qué sirve ocultar la basura debajo de la alfombra si la alfombra es transparente?
Es probable que ahora el oficialismo piense que el pueblo a veces se equivoca cuando vota, lo cual es bastante probable.
Pero, desde ese punto de vista, se podría haber hecho el mismo razonamiento cuando Cristina ganó con el 54 por ciento de los votos. ¿O la gente se volvió mala por obra y gracia de las corporaciones mediáticas?
¿No será que la gente está cansada y enojada por otra cosa? ¿No habría que revisar la hoja de ruta? Obviamente, la campana de los que viven del calorcito que emana el poder dirán que no. Sería bueno, alguna vez, que ese poder también escuchara a los suplentones. Los número uno no siempre son infalibles.

