Acerca de Roderer
La confrontación entre inteligencia y genio, entre sus límites y valoraciones, es parabolizada en esta novela mediante un argumento obsesivo en su pretensión de llegar a una verdad jamás alcanzada, una fórmula filosófica que explique el origen y el destino de los hombres.
La confrontación entre inteligencia y genio, entre sus límites y valoraciones, es parabolizada en esta novela mediante un argumento obsesivo en su pretensión de llegar a una verdad jamás alcanzada, una fórmula filosófica que explique el origen y el destino de los hombres. Esta posibilidad encuentra asidero y probable realización en la figura de Gustavo Roderer, un muchacho disfuncional que invierte sus años de adolescencia en la búsqueda de un descubrimiento cumbre que se sabe capaz de realizar. Roderer vive en Puente Viejo, un inventado pueblo argentino, situado probablemente en la costa bonaerense. Una autoficción nada gratuita ya que el autor de esta novela, Guillermo Martínez, no sólo proviene de un lugar costero, Bahía Blanca, sino que es, sobre todo, al igual el narrador-personaje, también matemático. Previsiblemente entonces, son la Matemática y la Filosofía las disciplinas que se disputan las premisas centrales del descubrimiento de Roderer, una idea fabulosa que este discute con el narrador, compañero del secundario, su antagonista y el alumno más inteligente de la clase, pero sólo hasta sus prolegómenos y nunca más allá. Un par de razones justifican este dato escondido. De ellas, para no incurrir en ningún spoiler , sólo sería prudente arriesgar la de sentido común: el hallazgo genial del que habla la obra es exclusivo de Roderer, y Roderer no es quien cuenta la historia. En consecuencia, el narrador (alguien del que no conocemos el nombre, pero podríamos llamar Guillermo) no puede estar a la altura, ni pretende estarlo, de la empresa que se propone su amigo: dinamitar los cimientos de la filosofía conocida e inventar una nueva forma de pensamiento. Por eso se sugiere y no se asevera, y en esa información sesgada se asienta aquel dato que conmueve el argumento de la novela. Ver cómo se las arregla Martínez para que, sólo sugiriéndola, vislumbremos tamaña teoría es uno de los puntos altos de Acerca de Roderer y el recurso que le confiere distinción.Roderer se queja de no tener suficientes horas para pensar, y por eso, a los tres meses de ingresar al secundario, abandona el colegio. Vive con su madre, quien no está en condiciones de replicar la decisión de su hijo, aunque se muestra temerosa de que de ese modo se acentúe su aislamiento. En la soledad monacal de su cuarto, la preparación del muchacho se nutre de disciplinas variadas. No sólo lee libros sobre filosofía y matemática, también se interesa en la literatura (lee la Divina Comedia en italiano y a Goethe en alemán), las ciencias sociales, la historia, y hasta la horticultura. Absorbe conocimientos no para ampliar su cultura, desde luego, sino porque esos libros desnudan para él su valor de manual de instrucciones, información subsidiaria del gran objetivo. El problema de Roderer es el tiempo. Primero por la urgencia típica del genio y luego debido a una dolorosa enfermedad, hay un plazo que lo impulsará a abstraerse aún más del mundo y sus tentaciones (tiene una relación, muy a su pesar, con la hermana de Guillermo). Por eso no duda en acudir a los servicios de la droga para fomentar el ensimismamiento de la reclusión, idea que le inocula Rago, un profesor de Anatomía del colegio que ha percibido la excepcionalidad del alumno: "El fumador de opio goza de una maravillosa expansión del pensamiento, de una prodigiosa intensificación de las facultades perceptivas, de una sensación de existir sin límites...". Pero la droga que incentiva las ideas es la misma que alivia el dolor. El peligro para Roderer, exacerbación de este drama, es no tener lista su obra para el momento en que las urgencias se concilien.

