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A Cuba, !por izquierda!

Hace dos semanas, Sergio Carreras le preguntaba a Yoani Sánchez, por qué a la izquierda latinoamericana le cuesta tanto criticar a Cuba.

25 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Rogelio Demarchi (especial)
A Cuba, !por izquierda!

Hace dos semanas, en estas páginas, Sergio Carreras le preguntaba a Yoani Sánchez, la bloguera cubana, por qué a la izquierda latinoamericana le cuesta tanto criticar la situación de Cuba.

Más allá de la inteligente respuesta de Sánchez -"esto (la revolución) se convirtió en un régimen totalitario y (a la izquierda) le cuesta reconocer que se equivocó"-, esa falta de crítica ha sido subsanada por la argentina Claudia Hilb, autora de Silencio, Cuba . La izquierda democrática frente al régimen de la Revolución Cubana (Edhasa, 2010), de reciente aparición.

El propósito de su libro "no es demonizar a los líderes de la Revolución sino indagar en la asociación entre constructivismo e igualitarismo radical, y su deriva hacia la dominación total".

En pocas palabras, como señala Hilb, nadie puede negar el impulso revolucionario inicial y su impacto en los llamados derechos sociales -salud, educación, vivienda, igualdad de oportunidades, etcétera-, pero ¿cómo fue que ese impulso quedó eclipsado por otro más potente y llamativo, capaz de perdurar hasta el día de hoy, sin haber experimentado ninguna de todas las crisis económicas que pusieron en riesgo la sustentabilidad de Cuba?

Estamos hablando de esa fenomenal concentración de poder que hace centro en la figura de Fidel y que, según Hilb, "en nombre de la libertad instaurará una nueva forma de servidumbre".

En su análisis, lo uno no existe sin lo otro: "Es el proceso de concentración del poder el que va destruyendo implacablemente los focos de organización de la estructura política revolucionaria existente", lo que significa que a pesar de que se ha declamado que el poder residiría en el pueblo, en la práctica, un núcleo cada vez más restringido de dirigentes se apropia de ese poder.

Esa concentración alcanza su clímax cuando el Partido Comunista se convierte, según la Constitución, en último intérprete del accionar político de la sociedad en su conjunto o de algunos de sus integrantes.

La implicancia de esto en la vida cotidiana es inmensa: como el partido es el poder y la ley al mismo tiempo, todo aquel que se manifiesta disconforme con el poder político se vuelve automáticamente en infractor a la ley.

Ahora, si el igualitarismo y la concentración del poder son dos procesos inseparables, ¿podría la Revolución haber fracasado en la construcción de una democracia radical y, simultáneamente, haber triunfado en el diseño de una sociedad igualitaria? Claro que no.

Concluye Hilb: "A cinco décadas de la instauración de un régimen revolucionario con vocación de dominación total, que controla de manera prácticamente absoluta la asignación de recursos humanos y materiales, éste no sólo ha anulado completamente las libertades civiles y políticas sino que ha fracasado incluso, aun para la mirada más benévola, según sus propios parámetros de desarrollo, igualdad y justicia".

Todos aquellos que anhelaban una crítica a Cuba por izquierda, ya saben lo que tienen que leer.