¿Vuelve el viento de cola?
La extensión del sesgo expansivo de la política monetaria en el mundo desarrollado mejora las señales de precios para las economías emergentes, aun cuando no estén exentos de riesgos. Marina Dal Poggetto.
El escenario global de tasa cero en Estados Unidos hasta mediados de 2015 y dólar débil, resultante de la extensión del impulso monetario en las economías desarrolladas (que alcanza también a Europa y Japón) tiene impactos en la ecuación de competitividad de las economías emergentes. Si bien buena parte de la renovación de los estímulos monetarios ya había sido descontada por los mercados -sobre todo a partir del dato flojo de empleo en Estados Unidos-, la morigeración de la aversión al riesgo mejora el panorama para los emergentes. En particular, la debilidad inducida del dólar -con un euro que pasó de 1,23 a 1,30 dólares- como contrapartida de un mercado que prudencialmente empieza a colocar la liquidez adicional en activos de riesgo (o sea con mayor rendimiento) constituye el canal de transmisión relevante hacia las economías en vías de desarrollo en un mundo donde el flujo de crédito todavía no arrancó. Sin embargo, lejos de la coyuntura del segundo semestre de 2010, cuando el anuncio del segundo programa de compra de títulos -"QE2"- de la Reserva Federal desató la "Guerra de Monedas" en un mundo donde la cotización del dólar alcanzó niveles muy bajos -consistente con un real que había tocado un pico de 1,56 en julio de 2011 y un euro en 1,44 en abril de 2011- se espera a partir de ahora que los canales de transmisión tengan un impacto más acotado. El inicio del ciclo de suba de tasas en los países emergentes con precios de commodities filtrándose a la inflación, llegaría con una menor agresividad frente a economías que vienen de un proceso de desaceleración y en algunos casos de freno de la actividad. Particularmente Brasil, que viene intentando remontar la economía bajando la tasa de interés, devaluando su moneda y usando la política fiscal para mejorar la competitividad de la industria dañada por el atraso cambiario. Frente a esta coyuntura, si bien es probable que el sendero de baja en las tasas -de 12,5 a 7,5 por ciento- haya llegado a su fin, consideramos que el Banco Central va intervenir para evitar que el Real vuelva a los niveles previos. De todas formas, la extensión del sesgo expansivo de la política monetaria en el mundo desarrollado vuelve a mejorar las señales de precios para las economías emergentes, aún cuando este escenario con más liquidez global no está exento de riesgos (desenlace de la saga europea, riesgo fiscal en Estados Unidos en medio de la puja entre republicanos y demócratas y crédito que demora el arranque). Esto implica un contexto internacional más que favorable para una economía local donde la agenda del atraso cambiario dejó de ser meramente un tema de la "película" por venir para convertirse en unos de los desafíos de la política frente a la "foto" de la economía actual.

