Sinceramente, somos los menos peores
La volatilidad promete desglosar en varias fases sus latigazos sobre una rasgada tela de expectativas.
La economía ha vuelto a entrar en zona de alta turbulencia. Pero este estado de agitación viene cargado con condimentos que no estaban un año atrás, cuando arrancó la crisis cambiaria que detonó en la cara del Gobierno y lo llevó derechito a buscar el aval del Fondo Monetario Internacional (FMI) para aventar el fantasma del default.
De lejos, parece una tremenda paradoja: las cuentas fiscales reflejan un cambio estructural positivo, pero esta mejoría luce, ahora, como un argumento de poco peso. Es que antes que el fantasma del default económico, siempre está el default político.
¿Por qué estamos respirando al ritmo de las agitadas pulsaciones de los inversores? La respuesta está en la magnitud de la deuda que la Argentina colocó en los últimos tres años para financiar el déficit fiscal y afrontar, con anestesia en las esquinas más profundas del gasto público, el descalabro de las cuentas y de los precios relativos que dejó el kirchnerismo.
El Bonar 2020 (el primer título cuyo vencimiento deberá afrontar la próxima gestión) ya incuba una tasa interna de retorno por encima del 20 por ciento anual en dólares, cuando se colocó al ocho por ciento.
Semejante sobrecosto expresa, como mínimo, la incertidumbre sobre la capacidad de renegociar vencimientos a una tasa de interés decente, que no nos tenga con el corazón en la boca cada dos por tres.
Además, el riesgo país manifiesta la fiebre de incertidumbre que provocan, hacia afuera, las principales opciones para gestionar el país.
Entre los brokers locales circulaba el viernes pasado, en tono irónico, una frase de síntesis: "Sinceramente, somos los menos peores", en alusión, primero, al título del reciente libro de 594 páginas que publicó la expresidenta Cristina Fernández, y segundo, a la expresión de Jaime Durán Barba, el asesor de cabecera de Cambiemos.
Sobre la exmandataria pesa la congénita alteración con la que lee, escribe y habla sobre pasado, presente y futuro. Al presidente Mauricio Macri, en cambio, le facturan mala praxis y las dudas de ser capaz de tejer los consensos necesarios para las reformas del gasto público (en especial, el sistema previsional) que no encaró en esta gestión.
La volatilidad, entonces, corporizada en el riesgo país y en un esquema de flotación cambiaria que altera nuestro ADN bimonetario, promete desglosar en varias fases sus latigazos sobre la tela de expectativas rasgada por la recesión y la inflación.
La primera, en pleno desarrollo, se supone que irá hasta el 22 de junio, fecha límite para presentar las listas de los precandidatos para las elecciones primarias, con un pliegue el 12 de mayo próximo, cuando se realizará la elección provincial en Córdoba.
Otra etapa irá hasta las Paso del 11 de agosto, ya con nombres y apellidos puestos y una campaña en pleno rodaje. Y de allí al 27 de octubre (elección general) o al 24 de noviembre (eventual segunda vuelta), como la última parada del día después.

