"Si no escucha, su imagen seguirá cayendo"
Entrevista a Sergio Berensztein, analista de opinión pública. Muchos temas que realmente preocupan a la gente, no aparecen en la agenda del Gobierno, lo que genera frustración, dice el analista.
Ni económico, ni social, el problema esencial de la Argentina es la política, dice el analista Sergio Berensztein. Y es por el fracaso de la política que tanta gente se siente sin representación, lo que se evidencia en la trascendencia que tuvo el cacerolazo. –¿Qué evaluación hace del 8N? –Fue un hecho de enorme trascendencia por la dimensión y por la coordinación, tanto en el país como en el exterior. –Cacerolazo global. –Sí, fue algo inédito, el primer cacerolazo global de la historia. Se expresó un malestar muy pronunciado. –¿Y cómo sigue? –Hay expectativa respecto a si le despertará alguna reflexión al Gobierno y enormes interrogantes respecto a la oposición, si podrá capitalizarlo, aunque sea parcialmente. –No parece que el Gobierno tenga una actitud de escucha y reflexión. –Si no escuchan estamos ante un problema más serio. Hay una parte de la sociedad muy insatisfecha y eso podrá derivar en que se profundice la caída de la imagen de la Presidenta. –¿Cómo está ahora? –Desde principios de año la caída ha sido muy significativa. Tenía más del 70 por ciento y hoy la mitad, 35 o 36 por ciento. Y la imagen negativa superó a la positiva. Estamos terminando otro estudio en el que vemos que esa tendencia continúa. –¿Cuáles son los motivos más importantes? –La economía, que se complicó mucho. El crecimiento de este año será limitado, la creación de empleo está afectada y a pesar de la desaceleración, la inflación se mantiene alta. Los cepos están afectando a industrias muy importantes como la construcción, lo que genera incertidumbre en la clase media que puede ahorrar un poco. –Todas cuestiones económicas. –No, también aparecen otros elementos, uno es la ola de inseguridad que el Gobierno niega, no le da jerarquía a un reclamo que es muy fuerte y generalizado y otras cuestiones que tienen que ver con errores de gestión, el transporte por ejemplo. –¿Cómo calificaría el ambiente político? –En la Argentina la política funciona muy mal, desde siempre. Y eso se manifiesta más en los momentos económicos más complejos. –Como ahora. –Claro. Si mirás el desarrollo político se ve que aquí la democracia funciona mal con partidos políticos muy débiles, falta de debate público sobre las cuestiones más importantes para la ciudadanía, inexistente debate técnico de calidad y un estado enorme y muy poco eficiente. –Y mucho poder presidencial. –Exacto, y eso hace que en la práctica el sistema de frenos y contrapesos, es decir el Congreso, la Justicia e inclusive el sistema federal no funcionen como debieran, carecen de capacidad para enriquecer el debate. –Por eso mucha gente se siente sin representación. –Y sí. Para quienes están de acuerdo con el Gobierno de turno fantástico, pero los que no, carecen de canales para procesar las demandas, ordenarlas y generar respuestas. El conflicto con el campo fue expresión de lo mal que funciona la política. –¿Por qué? –Una política considerada errónea por los actores involucrados que termina en un gran escándalo. Un gran movimiento sin que se transforme políticamente en algo que cristalice y le dé al sector agropecuario una voz significativa en la formación de política pública. Eso no ocurrió y el problema de fondo no se solucionó. –Siguen las retenciones. –Y además, en lugar de ser móviles han aumentado de otro modo: atraso cambiario, desdoblamiento informal del mercado cambiario y productores que reciben un dólar que vale la mitad que hace cuatro años. Desde ese punto de vista Argentina tuvo una década perdida. Creció la economía pero institucionalmente el país es igual o más débil que antes de la crisis. –La política es parte del problema, no de la solución. –Y sí, de hecho la inflación es expresión del fracaso de la política, ningún país tiene inflación hoy. El mundo resolvió ese tema y Argentina vuelve a tener financiamiento inflacionario. –¿Qué aspectos económicos pesan fuerte en una elección? –Esencialmente dos: el poder de compra del salario y el empleo. El empleo creo que va a ser uno de los temas claves en la próxima elección. –Si hay una buena cosecha y Brasil sigue mejorando para comprarnos mucho, las cosas podrán estar bien. –Ojalá pase eso. Pero hay algo a tener en cuenta: ¿qué cambió de la mejora de 2010 a esta? Varias cosas, el Gobierno tomó decisiones críticas que afectaron el clima de inversión. Entonces, creo que eso no es suficiente para darle al país una ola de crecimiento parecida a la que tuvo en 2010 que tanto influyó en las elecciones de 2011. –¿Está exacerbado el enfrentamiento? –Sí, eso es característico del neopopulismo, el conflicto es percibido como un elemento central de la construcción política. Contrariamente a lo que supone la teoría democrática en la que hay conflicto pero también consensos y cosas que no se discuten, como las constituciones o el imperio de la ley. Acá se debate todo y hay temas que naturalmente son controversiales, y está bien, es sano pero otras cosas son impulsadas artificialmente desde el poder. –¿A qué se refiere? –La obsesión con un medio de comunicación, Clarín, que el Gobierno parece que ve como su desafío más importante. Eso es un arma de doble filo. El Gobierno genera mucha tensión y al mismo tiempo, como la sociedad no considera que los medios sean tan importantes y ve a un Gobierno obsesionado con el tema con mucha publicidad y demás, termina generando frustración ya que la agenda de la ciudadanía (inflación, inseguridad, etc) no se ve reflejada en las prioridades del Gobierno. Para darte un ejemplo, este año el Congreso no discutió uno solo de los temas que le interesan a la sociedad, ni uno.

