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Salir de la sombra

El verdadero desafío recién comienza: el reencuadramiento también impone salir de la sombra del dominio político y marcar una distancia razonable del poder de turno. Daniel Alonso.

17 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Salir de la sombra

Un rápido repaso sobre el pasado inmediato del Banco de Córdoba alcanza para dimensionar sus más conocidos pecados: la incontrolada asistencia a cada gobierno de turno y el manejo discrecional al que fue sometido, los costos visibles y ocultos de esos vaivenes, la "inflación" en recursos humanos y los mediocres índices de eficiencia. La traumática salida del descalabro de las administraciones angelocistas lo dejó tambaleando y bajo una virtual intervención del Central. Su mutación en sociedad anónima (2004), tras el fracaso delasotista del plan privatizador, no alcanzó en su momento para reencuadrarlo y todavía sufre la renguera de una capitalización insuficiente y tardía.Ayer, el Banco Central le abrió la puerta para salir de la sombra y volver a lo normal. Suena contradictorio: es que hasta ahora, lo normal en el banco era lo anormal, es decir, estaba prácticamente fuera de las leyes para las entidades financieras.Pero el verdadero desafío recién comienza. El reencuadramiento también impone salir de la sombra del dominio político y marcar una distancia razonable con el poder de turno. No será fácil: el 99 por ciento del paquete accionario del banco le corresponde al Estado provincial. Pero tiene que ser posible. De lo contrario, la inversión y los esfuerzos para aumentar el volumen de negocios, atraer a las empresas, mejorar la atención, adecuar las sucursales, incrementar el parque de cajeros automáticos y promover un cambio cultural y tecnológico, todo con recursos públicos, volverán a caer en saco roto.Retornar a la normalidad debería ser, además, una chance para abrir el debate sobre quiénes, cuándo y de qué manera se ocupan del destino del banco provincial, una discusión en la que se debería valorar la posibilidad de consolidar un gerenciamiento profesional y despolitizado, con mandatos que no coincidan con el de las autoridades políticas.