¿Por qué no explota?
Es fácil encontrar falencias en la actual política económica. Entonces, ¿qué es lo que sostiene esta situación sin que caigamos en crisis como las que hemos tenido tantas veces a lo largo de los últimos 40 años? Javier González Fraga.
Es fácil encontrar falencias en la actual política económica. Desde esta columna hemos criticado duramente los desbordes fiscales que impulsan la inflación, las atrocidades cometidas con el Indec, que también potencian la inflación, la intervención en el negocio agroindustrial a través de la Oncca, el aislamiento internacional, la política energética, el pésimo clima de negocios, y probablemente muchas cosas más. Entonces la cuestión es ¿qué sostiene esta situación económica, sin caer en crisis como las que hemos tenido tantas veces en los últimos 40 años, cada vez que se cometían errores de política parecidos o similares a los actuales? Porque tenemos que acordar que los economistas que pronostican colapsos a corto plazo son los menos, y la mayoría creemos que con ajustes moderados el año próximo, después de las elecciones, se puede retomar un sendero de crecimiento virtuoso.Básicamente, lo que les impide a las actuales autoridades económicas enfrentar situaciones más complicadas en el ámbito inflacionario, en el campo fiscal, y en las cuentas externas, y que consecuentemente les permiten seguir creciendo, tiene que ver con la situación internacional que enfrenta la Argentina, y ciertas condiciones favorables heredadas del ciclo 2002-2006. Efectivamente, el "mundo" con el que se relaciona la economía argentina es "mejor" que el mundo total. En el gráfico que acompaña esta nota, extraído del muy buen Informe de Inflación que publica el Banco Central, se puede comprobar que los cuatro países que explican casi la mitad de nuestras exportaciones, han tenido un crecimiento muy superior al mundial, y que muy probablemente lo sigan teniendo. Esto significa que la Argentina disfruta de los mejores precios de la soja y otros productos primarios, al igual que otros muchos países emergentes, pero también se beneficia por la fuerte demanda de productos industriales provenientes de Brasil y de Chile, dos vecinos nuestros que están escalando posiciones en el concierto mundial de naciones. El crecimiento de nuestra economía en 2010, probablemente algo menor a las cifras oficiales, tiene mucho mayor fundamento en la industria que en el agro, porque en este último sector se destacó la cosecha de casi 100 millones de toneladas, con precios muy altos, pero fue compensado en gran parte con el 25 por ciento de caída de la faena ganadera. Mientras que la industria, basada principalmente en los sectores automotor, siderúrgico y metales básicos, logró explicar más de la mitad del crecimiento del año. Y esos sectores crecieron fundamentalmente gracias a la demanda de Brasil.Las enormes exportaciones de soja, más de 20 mil millones de dólares, tienen un efecto significativo, tanto en las cuentas externas como en las cuentas fiscales, de mucho mayor impacto que el que tienen en el crecimiento y en la generación de empleo. Efectivamente, las exportaciones de soja en particular, duplican al superávit comercial, generando una oferta de divisas, que permiten financiar el crecimiento de las importaciones, y la permanente demanda de dólares por la huida de capitales. El atraso cambiario de nuestro peso con relación al dólar, que en otras épocas hubiera sido insostenible por mucho tiempo, es tolerable en un contexto internacional, en el cual casi todas las monedas se han apreciado frente a la divisa norteamericana. Pero en muchos casos esa situación genera déficits comerciales que se compensan con ingresos de capitales y/o colocaciones de deuda, aprovechando la buena imagen de los mercados emergentes. Ese no es el caso argentino, en el que las fuertes exportaciones de soja, sumadas a los controles sobre las importaciones, permiten seguir generando un excedente comercial suficiente para bancar la salida de capitales, e inclusive pagar deuda externa sin mostrar una caída en las reservas internacionales. El alto nivel de reservas es una especie de ansiolítico que permite mantener la calma en los mercados financieros. El otro gran sustento de la política actual es la solvencia fiscal, que aunque debilitada en los últimos años, sigue colocándonos entre los países de mejor situación en sus cuentas públicas. Nuevamente la soja, por su contribución vía retenciones, casi 6.000 millones de dólares o 1,5 por ciento del PBI, explica por sí sola el buen comportamiento.Esta solvencia fiscal, más la renegociación de la deuda externa concretada en 2005, se ha traducido en otro dato central de la estabilidad de la actual coyuntura económica: los bajísimos niveles de endeudamiento público y externo. Efectivamente, la deuda pública total a fines de 2010 alcanza a casi el 46 por ciento del PBI, pero si deducimos las tenencias que tienen la Anses y el Banco Central, ese valor se reduce a casi 25 por ciento. Este nivel es el menor que hemos tenido en varias décadas, y es entre la tercera y la cuarta parte del que tienen la mayoría de los países europeos. Inclusive, si tomamos sólo la deuda con el sector privado, que es realmente la más complicada de manejar en situaciones de crisis, ese valor se reduce al 18 por ciento.Por lo tanto, los precios de la soja, el crecimiento de Brasil, la renegociación de la deuda de 2005, la voracidad fiscal, y el buen clima son la explicación simplificada de que hoy estemos gozando de una coyuntura económica relativamente tranquila, a pesar de la inflación, y otras falencias de política económica actual.

