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Poco espacio para la industria en los pactos de gobernabilidad

El sesgo que están adquiriendo los acuerdos entre las distintas jurisdicciones y las fuerzas partidarias puede condicionar la marcha de la política económica.

14 de marzo de 2016 a las 12:01 a. m.
Poco espacio para la industria en los pactos de gobernabilidad

La inflación está cediendo, pero muy despacio. Más allá de las subas asociadas con la devaluación y con el ajuste de tarifas, los precios de la llamada "inflación núcleo", que hasta noviembre avanzaban a un ritmo del 2 por ciento mensual, pasaron a una meseta del cuatro por ciento en diciembre y enero, para descender sólo un escalón en febrero y marcar un tres por ciento mensual. Es clave que en algún momento del segundo trimestre este indicador perfore el piso del dos por ciento mensual para poder esperar que, efectivamente, la inflación se desacelere en forma marcada en el segundo semestre del año. Si esta tendencia no responde a las "buenas razones", será por el impacto de la política monetaria, que hará sentir que los pesos escasean, con tasas de interés que obligarán a las empresas a modificar la forma en que manejan su capital de trabajo. En este escenario, el precio del dólar podría estacionarse por un tiempo, combinación que apunta a resultar inquietante para determinados sectores industriales, tras cinco años de estancamiento y en un marco externo poco amigable, dado los excesos de capacidad instalada en países como Brasil y China. Gobernabilidad Asegurar la gobernabilidad es clave para la transición política, y eso está fuera de discusión. Sin embargo, el sesgo que están adquiriendo los acuerdos entre las distintas jurisdicciones y fuerzas partidarias puede condicionar la marcha de la política económica. Los profundos desequilibrios macroeconómicos que forman parte de la hipoteca recibida por el actual gobierno no llegaron a hacerse visibles en su verdadera magnitud, por lo que parece haber poca conciencia del tamaño de los desafíos. Por ejemplo, acaban de publicarse datos oficiales sobre las cuentas del sector público correspondientes a 2015, pero cuando se informa sobre un déficit primario de 5,4 puntos del PIB (producto interno bruto), el dato permanece en terreno abstracto. Quizá convenga expresarlo de otro modo: el año pasado, por cada 100 pesos que gastó (incluidos intereses pagados y deuda flotante, se llega a 29,9 puntos del PIB), el Estado sólo dispuso de 74 pesos de recursos genuinos (ingresos primarios por 22,2 puntos del PIB). Traslade esos guarismos al presupuesto de una familia y saque cuentas… El tema es que las medidas fiscales que se han podido adoptar hasta aquí significan prácticamente un "empate" en términos de la variación de gastos e ingresos. Y en las negociaciones que se realizan en el ámbito parlamentario parece haber más dosis de cortoplacismo y oportunismo que de sensatez, asignándose poca prioridad a la cuestión de los empleos productivos.En la medida que las restricciones políticas demoren la tarea fiscal, la política monetaria, que tiene la responsabilidad en la lucha contra la inflación, enfrentará una prima de incertidumbre por la falta de un plan creíble de financiamiento no inflacionario del Estado. Esto no será neutro para la economía, ya que el nivel de las tasas de interés puede llevar al peso a una apreciación desaconsejable, al tiempo que se aleja la posibilidad de seguir bajando impuestos a las actividades productivas. Presiones El desvío en las prioridades se filtra en las presiones de gobernadores de provincias petroleras por hacer que el resto afronte costos de los combustibles muy por encima de los internacionales, justo en un país en el que más del 90 por ciento del transporte se realiza por camiones. También cuando se advierte a mandatarios de provincias en las que menos del 10 por ciento de la población ocupa empleos privados formales, preocuparse solo por el financiamiento de los gastos corrientes del mes que viene. No se trata solo de arrancar, sino de revertir una trayectoria insustentable. Desde 2008, el empleo público se incrementó un 28,1 por ciento, mientras caían tres por ciento los puestos asociados a actividades de exportación o de sustitución de importaciones (ajustando por la evolución de la población). En tanto, el índice de obreros ocupados retrocedió nada menos que un 3,6 por ciento entre el tercer trimestre de 2013 e igual período de 2015. Supervivencia Estos datos forman parte de un contexto que puede ser descripto con más precisión para el caso de la industria manufacturera, que arrastra un estancamiento de cinco años, período que coincide con la introducción, a fin de 2011, de los cepos al cambio y al comercio exterior. Salvo honrosas excepciones, las empresas adoptaron desde entonces una estrategia de supervivencia, arropadas por una tasa de interés que la inflación permitía pagar y por una competencia externa muy débil, dadas las restricciones a las importaciones, que compensaron parcialmente la falta de competitividad. Si bien la unificación del mercado cambiario mejoró parcialmente esta situación, es evidente que la paridad actual luce insuficiente desde el punto de vista de un buen número de sectores, desde los metalúrgicos a los textiles, pasando por los del calzado y de ciertas maquinarias. Aquellas firmas que han desarrollado tecnologías, que están más vinculadas a la agroindustria o que han logrado conservar nichos en el mercado internacional, tienen más instrumentos para enfrentar esta transición. Sin ir más lejos, podrían esquivar la suba del costo del dinero local apelando al financiamiento en moneda extranjera, a tasas de interés más acotadas pero, para que esta opción sea válida, la participación de las exportaciones en su facturación tiene que ser significativa. Nuevamente, estos casos son más la excepción que la regla. Hay que tener en cuenta que las exportaciones de manufacturas industriales del país –que en 2010 representaban un magro 0,23 por ciento de las exportaciones mundiales– en 2015 se achicaron a un estimado de sólo 0,16 por ciento. Salarios Actualmente, y medidos en dólares, los salarios que se pagan en la Argentina son aproximadamente el doble de los de Brasil y el triple o más de los de México y Colombia. Y si analizamos los problemas del transporte, tenemos que mientras el precio internacional del barril del petróleo cayó un 70 por ciento en los últimos dos años, aquí los costos logísticos solo se redujeron un 11,5 por ciento en moneda dura en ese período. Para mejorar la competitividad hace falta abrir más la economía, para acceder a mejores tecnologías, a equipos actualizados, a insumos más baratos. Ese aguijón, en sí mismo, obliga a mejoras continuas de eficiencia y esto redunda en la productividad. Sin embargo, por los pocos ejemplos mencionados se advierte también las dificultades que existen para avanzar rápido en esta dimensión. Y debe ayudar poco al ánimo de los industriales advertir que los dirigentes políticos pretenden destinar recursos fiscales inexistentes a bajar más las cargas del Impuesto a las Ganancias antes que reducir los tributos que inflan los costos laborales y de producción, o a defender el statu-quo de una logística que, en sus costos, lejos de ser un instrumento de competitividad, refleja más bien los privilegios de algunos sindicatos y burocracias.Importantes sectores de la industria nacional requieren grandes esfuerzos de reconversión. Un eventual acuerdo del Mercosur con la Unión Europea podría brindar pautas claras acerca de hacia dónde conviene orientar las reformas puertas adentro de las fábricas. Pero si la dirigencia política no ayuda a garantizar puntos de apoyo firmes para esas tareas, tampoco hay que sorprenderse si estos empresarios siguen viendo al mundo más como una amenaza que como una oportunidad.