Pobreza y desempleo: faltan políticas inteligentes para un drama complejo
¿Qué tipo de inserción laboral está generando Argentina para este 50 por ciento de los chicos que hoy está en la pobreza?
La pobreza supera el 30 por ciento en el país, desde finales del gobierno de Cristina Fernández, y el empleo empezó a decaer a partir de 2014, cuando empezó a afectar a la crisis de Brasil, país del cual depende la industria cordobesa
La recesión y la inflación de este año empeoraron este cuadro. Por eso, el gabinete de Mauricio Macri profundizó las políticas de la administración K, como generalizar la Asignación Universal por Hijo (AUH) o la Reparación Histórica a los jubilados.
La debilidad política en la que quedó el Gobierno, en parte por el escaso margen con el que ganó las elecciones, y este cuadro social, lo obligan a mantener un fluido contacto con las ONG sociales, con un recurrente envío de fondos.
Está claro que un crecimiento paulatino de la actividad no resolverá esta cuestión que está en un nivel crítico hace años.
Alfredo Schclarek Curuchet, director académico del Centro de Investigaciones Participativas en Políticas Económicas y Sociales (Cippes), advierte que el panorama de 2017 es incierto, dado que Brasil no muestra signos de reactivación y el consumo crecerá sólo si los salarios le ganan a la inflación, cosa que está por verse.
Pero recalca que el dato positivo es la reactivación de la obra pública, por el aporte de la construcción a los sectores de menores ingresos, y el éxito del blanqueo, que asegura fondos para el pago de los juicios de los jubilados.
Donde no hay respuestas es en los problemas de fondo, sobre lo cual reflexiona: “Los porcentajes de pobreza en niños y adolescentes son de casi 50 por ciento; de acá a un par de años entrarán en edad productiva y ¿dónde van a trabajar?, ¿qué tipo de inserción laboral productiva está generando Argentina para estos chicos que hoy tienen mala educación y mala salud?”, se pregunta.
Dada esta situación, Schclarek Curuchet advierte la necesidad de “programas sociales más inteligentes, que corten con este círculo vicioso; que ofrezcan educación, salud y alimentos para salir de la pobreza con un trabajo. Esto no es sólo responsabilidad del Gobierno nacional, sino también de las provincias. En el largo plazo, hay un desafío importantísimo”.
¿La inflación es una batalla ganada?
Alfredo Blanco advierte que, a la luz de los datos del nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y de las proyecciones del REM (ver página 2), la tasa de inflación se está desacelerando. La contracara de esto es la importante caída de la actividad económica.
Para 2017, es difícil que se llegue al índice que dejó como pauta oficial de 17 por ciento la finalizada gestión de Prat Gay. Pero, aun cuando se ubique en torno al 20 por ciento, cerca de la proyección del actual ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne o, si llega a la proyección de Econométrica, más cerca de 22 por ciento, terminará siendo la Ma baja desde 2009.
Castiñeira señala que, de a poco, Argentina “está ganando esa pelea a la inflación”. “El desafío es que empiece a lograrlo sin que afecte el nivel de actividad y los indicadores sociales; si la política antiinflacionaria hubiera sido más brusca o el gasto público hubiera tenido un freno más fuerte, los precios se hubieran estabilizado antes, pero con una mayor caída de la actividad”, advierte.
Para el economista, la inflación termina 2016 en 40 por ciento pero liberando precios que estaban reprimidos, como los servicios públicos y la energía. El problema es que, sobre todo en este rubro, aún hay que seguir con este proceso.

