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Mentime y decime Marta

El cordobés Oscar del Barco definió –citando a otro filósofo, de origen lituano, Emmanuel Lévinas– que la maldad “consiste en excluirse de las consecuencias de los razonamientos”.

12 de mayo de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Mentime y decime Marta

Vamos a cometer un pecado: parafrasear a un filósofo mucho más sabio que uno mismo. El cordobés Oscar del Barco definió –citando a otro filósofo, de origen lituano, Emmanuel Lévinas– que la maldad "consiste en excluirse de las consecuencias de los razonamientos". Pequemos y digamos que la condescendencia hacia los demás "consiste en excluirse de las consecuencias de los actos".Si gracias a lo primero los portadores del mal pueden decir una cosa y hacer la otra, gracias a lo segundo quienes nos toman por estúpidos se sienten libres de negar que hacen lo que hacen. Lo más panchos. Una. Eso hizo ayer el ministro de Economía de la Nación, Axel Kicillof. Se preocupó en negar que el Gobierno haya empezado a cortar subsidios para contener la inflación. Los subsidios pueden no ser inflacionarios. Pero durante el gobierno de Cristina Fernández lo han sido. Si el servicio de gas, por caso, cuesta 100 pesos y los consumidores pagan sólo 50, el Estado puede poner los restantes 50.Si el Estado no saca los 50 pesos de lo que recauda en impuestos, sino que le ordena al Banco Central que imprima 50 pesos y se los "preste" al Estado, lo que hay son 50 pesos más dando vueltas, que antes no estaban. Si la economía no creció en proporción, hay más dinero por la misma cantidad de bienes y servicios, que pasarán a costar más. Eso es inflación.De hecho, por eso Kicillof emprendió una insuficiente y lenta quita de subsidios: el Central no quiere seguir dándole a la maquinita para tener que volver a devaluar y quedar al borde del colapso, como en enero.Al cortar el subsidio, el consumidor de gas debe empezar a pagar los 100 pesos; habrá 50 que no podrá seguir gastando en otras cosas. Y el Central dejará de imprimir 50, frenando la inflación en proporción. Dos. Kicillof también consideró un éxito los Precios Cuidados y criticó "la idea de que la inflación se para sólo con medidas recesivas". Otra vez: lo cierto es que, como la reducción del déficit estatal viene lenta, el Central debe seguir imprimiendo. Y para tratar de quitar esos pesos excesivos de la calle, subió la tasa de interés. Así, los bancos prefieren prestarle al Central, lo que ha reducido el financiamiento al consumo. O sea: frío, recesión, suspensiones. Tres. Por último, el ministro acusó a un banquero de alentar una devaluación. Otra vez: cada semana crece –en esa bicicleta financiera armada por el Central para absorber pesos– una bola de nieve que los depositantes en los bancos –tentados por las tasas de los bancos, que a su vez prestan al Central– esperan cambiar por dólares, en algún momento, antes de que el dólar se dispare de nuevo.No es un banquero el que pergeña la próxima devaluación. Es Kicillof, que nos toma por tontos y prefiere excluirse de las consecuencias de sus actos.