Más incertidumbre que nunca
Las restricciones para girar dividendos al exterior, los controles de precios y el caso Clarín son extremos de un mismo problema. Significan que el Estado puede inmiscuirse cuando y como se le dé la gana en las decisiones empresariales Walter Giannoni..
Las restricciones parar girar dividendos al exterior, los controles de precios y el caso Clarín son extremos de un mismo problema. Las tres cosas significan lisa y llanamente que el Estado puede inmiscuirse cuándo y cómo se le de la gana en las decisiones empresariales.El mundo empresario no encuentra paz para dedicarse a lo suyo: generar valor y promover la creación de empleo.Las últimas semanas han tenido para las compañías con algún nivel de desarrollo y posibilidades de inversión una sucesión de datos inquietantes.Los saltos en el dólar paralelo, la irrupción de los cinco funcionarios del área económica anunciando un polémico blanqueo, y la renovación de los ataques al Grupo Clarín, pero por vía de las autoridades de la Comisión Nacional de Valores (CNV), resembraron el terreno de incertidumbre."Tengo la teoría personal de que la alta inflación de los últimos cinco años es consecuencia directa de la falta de confianza, más que del desmadre de la emisión monetaria", comentó ayer un referente empresarial de Córdoba vinculado al mundo de las finanzas.La explicación resulta fácil de entender. Es la desconfianza la que frenó las inversiones de las empresas que sostienen el mercado interno y, esa falta de inversiones, ha limitado los stocks de mercadería produciéndose la emergente puja sobre los precios.Si esto fuera así, ni los controles de precios, ni la contención forzada del dólar, ni el freno a la emisión, podrán parar la inflación. Menos aún con un Gobierno que fogonea a la conducción de la CNV para que opere de prepo en empresas donde el Estado obtuvo participaciones heredadas de las liquidadas (también por él) Afjp.A estar por los sondeos de opinión, la sociedad percibe que no es Clarín el problema. La eventual intervención del grupo -algo que los funcionarios niegan- no terminará con los dramas estructurales que enfriaron la economía.Inflación, desocupación, precariedad laboral y retraso salarial conforman el 43 por ciento de las preocupaciones de la gente, según un reciente sondeo de Isonomía Consultores. Solo la inseguridad antecede a la economía en esa medición.Pero aún para el caso de que la sociedad entienda de que el ataque a la prensa no esté en el eje fáctico de su vida cotidiana, sí desalienta a aquellas compañías que deben adoptar decisiones de inversión en la Argentina. Las restricciones parar girar dividendos al exterior, los controles de precios y el caso Clarín son extremos de un mismo problema. Las tres cosas significan lisa y llanamente que el Estado puede inmiscuirse cuándo y cómo se le dé la gana en las decisiones empresariales.A ellas se añaden una cantidad de otras situaciones. Ayer un industrial cordobés se quejaba amargamente por la reaparición de un fuerte freno a la importación que le impide terminar sus productos para colocarlos en el mercado, en un momento clave para su estacionalidad de ventas."Autorizan a importar en forma aleatoria. Hace 10 días me dejaron entrar tornillos, pero no las tuercas. Entonces tengo que salir al mercado a comprar tuercas cuya importación le fue autorizada hace tiempo a otras firmas y valen el doble de lo que me costaría traerlas", relata. "Todos los días, cuando me levanto, lo primero que pienso es si me habrán observado las declaraciones juradas", explica.El punto es que nada de esto es gratis para la sociedad. La demanda de empleo, aún en los sectores más favorecidos por el modelo, como la industria automotriz, se estancó. El Gobierno no comprende o no acepta que la economía es una ciencia social que se construye sobre consensos.

