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Los empresarios, ¿votan a Scioli?

No son muchos los empresarios que se animan a decir públicamente que votarían por el candidato del Frente para la Victoria, pero cuando hablan en voz baja son muchos más de lo que la lógica tradicional podría pensar.

21 de junio de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Los empresarios, ¿votan a Scioli?

No son muchos los empresarios que se animan a decir públicamente que votarían por el candidato del Frente para la Victoria, pero cuando hablan en voz baja son muchos más de lo que la lógica tradicional podría pensar. Una parte del "círculo rojo" que engloba a buena parte de los hombres de negocios y otros factores de poder empujó hasta último momento a Mauricio Macri para que fusionara su propuesta con Sergio Massa: temen que un gobierno sin peronismo no sea capaz de mantener la gobernabilidad. Pero más temen la continuidad del cristinismo. No obstante, entre empresarios medianos y de sectores más vulnerables se vería con agrado un gobierno de Scioli que mantuviera las cosas buenas y corrigiera algunos despropósitos. Esa es su ilusión. Visto sin pasión, tiene su lógica: hay muchas empresas enredadas en la maraña de subsidios, créditos y protección arancelaria (sobre todo protección arancelaria) que, aunque declaman las reglas de la competitividad, preferirían evitarse el dolor y el desafío de cumplirlas.En el fondo, casi nadie quiere atisbar la posibilidad de un "barajar y dar de nuevo". Y –al mismo tiempo–, los más lúcidos empiezan a ver que será difícil ordenar con gradualismo la economía argentina. En eso estamos. Como aquella aldea del relato donde todos vivían de una vaca que daba leche y eran más o menos felices, hasta que la aldea creció, el precio de la leche bajó y cada vez vivían un poco peor que ayer. Dicen que en ese momento llegó un sabio y su discípulo y los jefes de la aldea les preguntaron cómo podían hacer: la vaca ya no daba tanta leche, estaba más vieja y cansada, su producción valía menos y –para colmo– la aldea había crecido en cantidad de hijos y aspiraciones.El maestro se retiró a meditar y sobre medianoche le dijo al discípulo: matá a la vaca. El aprendiz no daba crédito a lo que oía y, tras protestar un rato, le hizo caso. Sin despedirse, partieron.Durante muchos meses, el discípulo se sentía culpable y se preguntaba qué sería de esa pobre gente que ya no tendría su única y maltrecha fuente de ingresos. Su fe en el maestro se empezaba a quebrar, pero un año más tarde volvieron a la aldea y se sorprendieron de ser bien recibidos, en un ambiente de alegría y mayor prosperidad. El jefe le contó al maestro que justo aquella noche que ellos los visitaron, algún depredador nocturno mató a la vaca y allí empezó este momento de bonanza. –¡¿Cómo sucedió eso?! –se animó a interrumpir el discípulo.–Mire usted: es que con la vaca muerta pensamos que sería el fin y, tras llorarla y entrar en discusiones varias, decidimos usar su carne para comerciar un poco y conseguimos tres cabras y semillas para plantar. Las familias se organizaron para producir cada una más leche con su propia cabra, y otras se dedicaron a la agricultura. Empezamos a comerciar más con el mercado e intercambiar productos, y eso fue el origen de este momento de prosperidad. En la vida de las personas –y quizá en la de los países– llega un momento en que lo mejor es "matar a la vaca". Dejar de hacer las cosas de la forma en que se hacen, aunque parezca que no será posible vivir de otra forma. Esperar que la vaca se seque, mientras cada vez alcanza para menos, es hacer el camino largo y más doloroso. Y agotar el modelo. Scioli propone estirar la vida útil de la vaca un poco más. Y a muchos no les disgusta en absoluto esa idea.