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Llueve sobre mojado

Si algo no le hacía falta al revuelto humor social en la Argentina era una catástrofe climática. Roxana Acotto.

07 de abril de 2013 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Llueve sobre mojado

Cuando los inundados estaban sólo en Capital Federal, casi que la lluvia tenía un culpable único: Mauricio Macri. Cuando la tragedia se movió a La Plata, un feudo que hace más de 25 años gobierna el peronismo, la presidenta Cristina Fernández hizo lo que no quiso hacer durante la tragedia del Sarmiento: ir y dar la cara.

Siendo generosos, sacó un empate. Y el susto que pasó su cuñada Alicia (¿es lo mejor que tiene el kirchnerismo para jugar en las legislativas de Buenos Aires?) quizá la convenza definitivamente de que hay un giro importante en el humor social sobre el que antes navegaba tranquila.

Sí: es la economía, señora. La inflación absurdamente dibujada por el Indec, el consumo que viene en caída, una presión impositiva que se torna insoportable, todo mientras nos enrostran los derroches en Aerolíneas Argentinas, Aysa y un largo compilado de barriles sin fondo que alimentamos con impuestos.

Mientras la olla del control de precios sigue juntando presión (todavía no repercuten en los costos de las empresas la mayoría de las paritarias), el camino a octubre (su único norte) se empieza a embarrar feo para el Gobierno. Llegado el caso, a ese lodo obligará el kirchnerismo bajar a todos para disputar la batalla electoral.

Sobre el fin de una semana aciaga, un nuevo exabrupto de un presidente uruguayo conmovió a los argentinos. Si Jorge Batlle decía que somos “una manga de ladrones”, el inefable “Pepe” Mujica dejó escuchar sin querer lo más sincero de su pensamiento: “Esta vieja es peor que el tuerto”, dijo, y quedó grabado.

“Con la verdad no ofendo ni temo”, dicen que dijo José Gervasio Artigas, un estadista rioplatense de las épocas en que la banda oriental y este país éramos uno solo. Se ve que la costumbre de decir las cosas como son quedó sólo de un lado del ancho río que nos une.