Las empresas y la idea de estar ante el fin de un ciclo
Los ejecutivos perciben que se aproxima un momento de decisión entre dos modelos con diferente participación del sector privado. Walter Giannoni.
En el mundo empresarial del país, en particular el compuesto por las grandes compañías de capital nacional y extranjero, existe la percepción de que la Argentina transita por el fin de un ciclo, más allá del tiempo que ese cambio de paradigma insuma.
En consecuencia, la discusión y las decisiones que emerjan de esa teoría están más vinculadas con la política que con la economía propiamente dicha.
El fin del ciclo puede coincidir con la finalización de este mandato constitucional de Cristina Fernández o incluso puede derivar en la continuidad del actual proyecto político después de 2015, reforma constitucional y re-reelección mediante.
Es decir, el cambio de paradigmas no necesariamente incluye, de acuerdo con ese análisis, la extinción del proceso kirchnerista.
Los datos que hay sobre la mesa en este momento de la foto, con una acelerada caída de la imagen de Cristina, un evento con alto protagonismo social como se anticipa que será el “cacerolazo” del 8 de noviembre y las parlamentarias de 2013, indicarían que ese fin de ciclo arrastraría también al kirchnerismo. Pero todavía nada está dicho.
Con un gran viento de cola empujando a los sectores más potentes de la economía, como el campo, y si el Gobierno se decide a ponerle límites a la inflación –que según todos los pronósticos de la economía “ortodoxa” estará más cerca del 30 que del 25 por ciento–, la actual mandataria podría llegar hasta la otra orilla que supone el lejano 2015 e incluso aspirar a una renovación compleja.
La inacción ante la inflación está minando buena parte de la base electoral del kirchnerismo alcanzada, por ejemplo, por la asignación universal por hijo, y hay claramente una disrupción con la clase media como resultado de la “mala praxis” en temas económicos. Entre ellos, el cepo al dólar.
De cualquier forma, ese fin de ciclo, en el análisis empresario, implica que en los próximos meses el Gobierno deberá decidir entre reconducir la economía hacia el modelo de producción privada, con inversión, o hacia el absoluto control y gestión del Estado, con manipulación estadística.
“Argentina no es Venezuela”, le dijo recientemente Cristina a los suyos. “Pero si Argentina fuera Venezuela me gustaría que me lo digan ahora”, complementó el presidente de una empresa nacional en el Coloquio de Idea de Mar del Plata, donde 200 de sus pares acudieron a debatir qué viene. Otros 200 ejecutivos, entre CEO y gerentes generales piensan más o menos lo mismo.
Ahora, si Argentina no es Venezuela, como dijo la Presidenta, y hay que aplicar y respetar reglas básicas de la economía de mercado, con regulación estatal, entonces el ciclo actual invariablemente termina.
Esas reglas implican –de base– control de la inflación y reconducción del problema energético que desangra de dólares al país y lleva a la mala praxis que impacta en otra serie de actividades productivas.
¿La soja y la demanda de Brasil pueden evitar ese cambio de rumbo? Con el actual nivel de inflación, los empresarios consideran que es una posibilidad lejana porque la industria va progresivamente perdiendo competitividad. Cuando Brasil estabilice su producción a mediados del año próximo en niveles altos, esa distancia entre las dos economías quedará cruelmente patentizada.
Hasta que no quede claro en cuál de los dos caminos transitará Argentina, la inversión privada no sólo no aumentará en términos de infraestructura y equipos para la producción, sino que se desplazará, como ya lo está haciendo, hacia otros países de la región que, incluso con iguales banderas ideológicas pero mayor pragmatismo económico, generan la confianza que escasea por estos lares.

