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Las columnas económicas de la gestión

Incentivo al consumo, protección de la industria, inclusión social. Estas metas se juntaron con problemas sin resolver, como inflación y energía.

19 de mayo de 2013 a las 12:03 a. m.
Las columnas económicas de la gestión

Impulso al mercado interno. El sostenimiento del consumo es la principal constante que se ve en los objetivos de política económica del kirchnerismo. La visión por detrás es que el mercado interno es el motor del crecimiento económico.

Para esto se tomaron distintas medidas: políticas de ingresos, de protección a la industria, retenciones a las exportaciones, y gasto público direccionado. En períodos de actividad normal se buscó exacerbar el consumo para acelerar el crecimiento (al costo de más inflación) y en las crisis, las políticas fueron anticíclicas, con mayor margen en 2009 y mucho menor, en 2012 (ver Infografía)

Reactivación industrial. El incentivo de la industria nacional es, sin duda, un "caballito de batalla". De la mano de un tipo de cambio favorable, el sector fabril creció en volumen, en empleo y en nivel salarial, pero no se distanció del ritmo del resto de la economía. Hoy este sigue siendo un objetivo declamado de la política económica.

Un eje de esta política (aún sin resultados en materia de divisas) es el incentivo a fabricar en Tierra del Fuego.

Cobertura jubilatoria. Una de las banderas de inclusión social que muestra el Gobierno es la incorporación de 2,4 millones de personas a la jubilación mediante la moratoria previsional que estuvo vigente hasta 2007.

A esto se le sumó la ley de movilidad jubilatoria desde 2009 que actualiza los haberes en función de la recaudación de la Anses y los salarios.

Asignación Universal por Hijo. Este es el otro eje de la política social del Gobierno. La cobertura para los hijos de desocupados, trabajadores "en negro", empleadas doméstica y similares. Alrededor de 3,5 millones de niños cuentan con esta cobertura y 1,8 millón de padres están obligados a enviarlos a la escuela y controlar su salud.

El "desendeudamiento". El canje de deuda de 2005 y 2010, le quitó un peso a las erogaciones del Estado. Bajó en proporción al PIB pero no hubo una disminución en el stock: pasó de 191.296 millones de dólares, antes del canje, a 152.783 millones tras la reestructuración y volvió a subir hasta 193.956 millones en junio de 2012.

Se modificó la composición de la deuda y la hizo más manejable: alargó vencimientos y reemplazó el endeudamiento con los privados por el financiamiento de entes públicos.

El tema de los holdouts aún no está cerrado en los tribunales de Nueva York.

Inflación, de buena a ignorada. Mientras en los primeros años pos convertibilidad el país crecía a un alto ritmo y, producto de la capacidad ociosa y el desempleo, sin presión sobre los precios, todo andaba sobre ruedas. A partir de la segunda mitad de 2005, la inflación comienza a subir, en 2006 llegó a los dos dígitos pero cerca del 10 por ciento y a partir de 2008, trepó hasta superar el 20 por ciento del cual sólo bajó en la crisis de 2009 (alrededor del 15).

El Gobierno nunca supo (o quiso) encarar este problema. Al inicio lo atacó con la intervención del Indec (lo cual derivó en un descreimiento de las estadísticas) y luego implementó distinto tipo de políticas como precios máximos, acuerdos con comerciantes y similares. Pero las políticas expansivas, fiscal y monetarias, la siguen impulsando. Según el Gobierno en un primer momento, la inflación era positiva para el crecimiento. Luego se pasó a ignorarla o culpar de ella a las grandes corporaciones.

Intervención en mercados agropecuarios. La primera política en el sector fue la implementación de retenciones a las exportaciones. La finalidad era desvincular el precio interno de los crecientes valores internacionales. Pero, luego, primó el fin recaudatorio y se llegó al extremo del conflicto político por las retenciones móviles del segundo trimestre de 2008.

Luego siguieron otras medidas: trabas a las exportaciones de carne y lácteos, cupos a las ventas externas de maíz y trigo (medida que continúa) y un mayor control en toda la cadena.

Estatización de empresas públicas. La expropiación de Aerolíneas Argentinas, en el tercer trimestre de 2008 (anunciada incluso cuando aún no había culminado el conflicto con el campo) y de la petrolera YPF (hace un año) son dos símbolos de "recuperación" de dos empresas privatizadas en los '90.

Rol central de la Anses. Desde la eliminación de las AFJP a fines de 2008 proveyó al Estado de un importante caudal de fondos. Por un lado, el flujo de los aportes que antes iban al sistema privado. Por otro, el monto capitalizado a ese momento que pasó al Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS), que tiene 280.567 millones de pesos. Así, el Gobierno tiene una fuente de recursos y un instrumento para hacer política expansiva.

Reforma del Banco Central. A principios de 2012 se modificó la Carta Orgánica. El objetivo era mejorar el acceso al crédito de la producción, pero también permite una mayor asistencia financiera al Estado.

Comercio exterior administrado. Las trabas escritas y no escritas a las importaciones siguen la lógica de protección nacional. Licencias no automáticas, la declaración anticipada de importaciones o la norma del "uno por uno" de Guillermo Moreno entre monto exportado e importado. El objetivo, seguir contando con dólares. El cepo cambiario complementó esta política al frenar la creciente fuga de capitales.

Presión impositiva récord. De un nivel de recaudación tributaria inferior al 17 por ciento del PIB en la década de 1990, la carga fiscal fue aumentando hasta llegar a valores superiores al 25 por ciento actual, tomando sólo la Nación. Aumentaron tributos (retenciones) y se dejaron desactualizar parámetros en algunos impuestos (Ganancias, Bienes Personales, Monotributo) que aumentaron la base de contribuyentes y el monto imponible.

Déficit energético. La disponibilidad de energía eléctrica y gas se hicieron patentes cuando se agotó la capacidad ociosa y la economía siguió creciendo. Esto se acentuó cada año y se plasmó en una deficitaria balanza comercial del sector. En el primer trimestre se importaron combustibles por 2.090 millones de dólares, 57 por ciento más que en 2012.