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La realidad del Mercosur

La convergencia económica y social es esencial para el bloque. Gerardo Juárez.

26 de junio de 2011 a las 12:02 a. m.
Gerardo Juárez (Vicepresidente del ProCórdoba)
La realidad del Mercosur

La experiencia adquirida como negociador del Mercosur por casi 10 años me lleva a buscar las causas de sus contradicciones. El requisito condicionante debió ser corregir las asimetrías, o sea las diferencias en los costos, que no dependen de las empresas sino de políticas y regulaciones estatales.Las desgravaciones arancelarias son sólo uno de los determinantes de los flujos comerciales, a veces el menos importante. Hay que tener en cuenta que si los aranceles son idénticos, la dimensión de Brasil, crea una asimetría a su favor. Los desfasajes cambiarios, la presión impositiva, los subsidios, los sobrecostos de los insumos, la disponibilidad de nuevas tecnologías, el acceso al crédito, los diferenciales de costos laborales, son factores que deciden la competitividad relativa de los productos y, por lo tanto, marcan el rumbo de la reasignación del stock de recursos, así como el patrón de la inversión para el desarrollo futuro.Todo esto se basa en que el mercado común, si bien actúa como catalizador de las acciones locales de los gobiernos, no puede sustituir a la imprescindible claridad de los objetivos de nuestras políticas nacionales.No tuvimos en cuenta que el objetivo principal de una formidable alianza con Brasil no podía superar el plano mercantil. Por ello quedamos atrapados dentro de este espacio.En otro sentido, los brasileños, desde los tiempos del imperio, se mueven con postulados previos que son inmutables, tal vez irracionales, pero jamás negociables y que giran hacia un concepto de grandeza traducido en la pretensión de país-continente, que exterioriza una proyección ambiciosa. Argentina no pensó que Brasil buscaba consolidar la implementación de un emprendimiento, que trascendiera la modesta unificación mercantil y alcanzara la creación de un estupendo centro de poder cultural-regional. Es por ello, que lo acordado en Asunción fue un buen tratado, pero nunca se cumplió. En él se exigía compatibilizar las políticas macroeconómicas.Lo primero que debieron hacer nuestros negociadores fue exigir implementar políticas acordadas y, mientras se instrumentaban las definitivas de largo plazo, los países socios mantenían su libertad para actuar.El Mercosur no puede ser entendido como un proceso de integración de largo plazo. Por no implementar desde un principio un comercio administrado complementado con la actuación de un eficaz y severo tribunal de controversias, los resultados han sido perversos. Salvemos al Mercosur sustituyendo la actual coyuntura con una transición administrada hasta que se implementen las políticas de convergencia económica y social. Recién allí podremos operar con libertad, alejados de asimetrías e impedimentos, para consolidar nuestras economías en relación al desarrollo regional, con una sabia instrumentación de aperturas y necesarias defensas. La existencia misma de Argentina depende, entonces, de este gran proyecto estratégico.