La llave para deje de caer el empleo la tiene la inversión
Cae la masa salarial y quienes trabajan reducen su consumo por temor a lo que viene. Es hora de recomponer el clima de negocios e incentivar al sector privado para que sea nuevamente el motor del empleo.
Las últimas cifras sobre el mercado laboral del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) confirman que la economía está en recesión y que cada vez son mayores las dificultades para generar empleo. En el último año, la economía destruyó 178.685 puestos de trabajo, lo que representa una baja de 1,1 por ciento interanual. Hay que tener en cuenta, de todos modos, que el desempleo subió menos que lo que bajó la cantidad de empleados. Esto es así porque mucha gente dejó de buscar empleo. De hecho, la cifra anterior se explica por una caída en la oferta de trabajo (gente que deja de buscar trabajo activamente) de 155.265, y un incremento de los desempleados de 23.419. Si suponemos, con un criterio realista, que los que dejaron de buscar trabajo son trabajadores que se desalentaron y renunciaron a buscar porque estuvieron tratando de emplearse y no lo lograron, podrían agregarse los desalentados a los desocupados. En ese caso, la tasa de desempleo se ubicaría en 8,4 por ciento en vez de 7,5 por ciento. De todos modos, es extraño que tantas personas decidieran últimamente dejar de buscar empleo. Hay que tener en cuenta que en una recesión hay dos fuerzas que se contraponen: por un lado, como hay menos probabilidad de conseguir empleo, los desalentados aumentan pero, por otro, como la mayor desocupación hace caer los ingresos del hogar, ello actúa como un incentivo para que otros miembros del hogar que no lo hacían, salgan a buscar empleo. Según el Indec, esta segunda fuerza no habría tenido importancia, lo cual es sorprendente, dado que desde principios de año ha caído el salario real y ha aumentado el desempleo, y debido a ello los ingresos de los hogares tienen que haber caído.Más allá de esto, lo cierto es que los fenómenos de desaliento, desocupación y caída del empleo que estamos observando llevan todos al mismo resultado: la masa de salarios que se paga en la economía está cayendo y esta es una mala noticia para el nivel de actividad. Principalmente por dos razones.En primer lugar, menos masa salarial implica menos demanda agregada ya que los asalariados tienen mayor propensión al gasto. Esto afecta sobre todo al consumo. Un ejemplo es que, según una encuesta de Isonomía Consultores, el 65 por ciento de las personas tiene poca confianza de que en los próximos 12 meses le alcanzará el dinero para los gastos del hogar. Y en segundo lugar, el incremento del desempleo hace que los que siguen empleados vean su futuro laboral con mayor incertidumbre: pueden esperar cortes de salarios, suspensiones o, directamente, despidos. Siendo esto así, lo típico es que estos asalariados retraigan el gasto. En este caso sufre no tanto el gasto de consumo de bienes de primera necesidad sino el gasto en bienes durables o rubros como el turismo, que pueden posponerse en el tiempo para ser realizados cuando haya menos incertidumbre sobre el futuro. Una situación como esta puede generar mucha inestabilidad: la recesión genera desempleo y caída de salarios, esto ocasiona caída del gasto, y como consecuencia, retroalimenta la recesión. La forma de prevenir que esto ocurra es que el Gobierno implemente políticas anticíclicas para mantener el gasto, como sucedió en 2009. Pero el problema es que hoy las autoridades no tienen cómo financiar esas políticas, a no ser que lo hagan emitiendo dinero. Y hacer esto último está lejos de ser anticíclico: si el Gobierno aumenta el gasto y lo financia con emisión, estaría dando con una mano y sacando con la otra. Esto es así porque la emisión aumenta el impuesto inflacionario y aumentar los impuestos es recesivo.Con todo, las autoridades deberían estar muy preocupadas por el empleo en la coyuntura actual. Y si el sector público no puede generar empleo y la recesión lo está destruyendo, probablemente sea el momento de intentar nuevamente recomponer el clima de inversión y los precios relativos, de forma que el sector privado vuelva a ser el motor del empleo. Sí, introducir cambios siempre es difícil. Pero y si no, ¿qué?
*Director de abeceb.com y exsecretario de Industria y Minería de la Nación

