La inflación no hace a la felicidad, pero...
Si es tan mala, ¿por qué el Gobierno no decide corregirla tomando medidas de política, en lugar de “parches”? Paula Martínez.
La inflación no es buena para ninguna economía: provoca distorsión de precios, impide realizar proyecciones, genera ganadores y perdedores y dificulta la toma de decisiones de mediano plazo. Si es tan mala, ¿por qué el Gobierno no decide corregirla tomando medidas de política, en lugar de "parches"? (como impedir que algunas empresas suban los precios, pedir a la gente que camine o tratar de bajar expectativas apuntando a los datos de las consultoras).Y además, ¿por qué no hay una verdadera condena social a este flagelo? El titular de Fiat, Cristiano Rattazzi, llamó "droga" a lo que en la teoría económica se conoce como ilusión monetaria. La inflación lleva, en el corto plazo, a tener más dinero en el bolsillo. Esto no hace a la felicidad pero ¡cómo se le parece!Los gremios pueden anunciar que lograron aumentos salariales entre 20 y 30 por ciento, algo impensado en épocas de estabilidad.Los empresarios, tras algunas reticencias lógicas, se pueden dar el lujo de otorgar subas salariales de ese nivel, con lo cual mantienen una muy baja conflictividad laboral. Saben que esos aumentos se absorberán con una suba de precios, que no les costará trasladar.Los comerciantes pueden aumentar los precios sin temer un gran recorte en el consumo. Los bancos pueden incrementar la proporción de crédito para el consumo, de menor riesgo y de una rentabilidad mucho mayor que los préstamos de mediano o largo plazo.Los consumidores aprovechan para comprar, con la ayuda de las cuotas sin interés de las tarjetas, cuyos pagos la inflación se encargará de licuar. Y el Gobierno puede mostrar niveles récord de recaudación (¡40,5 por ciento! interanual en enero) y con esta inyección de fondos, anunciar "con bombos y platillos" dos veces al año aumentos de jubilaciones y otras medidas que les aportarán capital en un año electoral.Como en cualquier ilusión, muchos (no todos) son conscientes de esto, pero no todos. La cuestión es ver hasta cuándo se puede mantener y estar preparados para cuando volvamos a la realidad.

