La encrucijada de Brasil y la travesía argentina
La coyuntura adversa en el país vecino y la expectativa de cambio de ciclo en Argentina podrían constituir una oportunidad con vistas a 2016: un renacimiento del interés inversor de empresas brasileñas a nivel local.
En el intenso marco electoral, la coyuntura política ha dominado casi con exclusividad la escena doméstica, con algunos ruidos económicos que se estuvieron filtrando en las últimas semanas. Sin embargo, no hay que descuidar que nuestro principal socio comercial, Brasil, es foco de importantes novedades que ya están impactando sobre Argentina, o lo harán en el futuro cercano. El país vecino está atravesando un año de desafíos. Tras apenas siete meses de reasumir la presidencia, Dilma Rousseff se enfrenta a un panorama interno complicado, tanto en términos políticos como económicos.Las denuncias de corrupción de Petrobras afectaron seriamente a la dirigencia política y empresaria, lo que generó volatilidad e incertidumbre en un proceso de ajuste que no cuenta con demasiada aceptación de algunos actores económicos y que hasta es resistido por los aliados de la presidenta.En este escenario, Brasil mostrará cifras récords en 2015, pero en términos negativos: mientras que la economía marcará su peor performance en más de 20 años, Dilma sufre los mayores niveles de desaprobación desde 1987, con un rechazo del 71 por ciento de la población, según cifras de Datafolha. En ese contexto, el real ha tocado los valores más bajos en más de una década, marcando una tasa de devaluación interanual en torno del 50 por ciento. Signos de estancamiento Y el panorama para 2016 está lejos de ser alentador. Aun cuando el cambio en la política económica impulsada por el gobierno reelecto debería recomponer las bases del crecimiento en el mediano plazo, las dificultades planteadas desde el frente político están diluyendo las medidas, como lo prueba la reciente flexibilización de la meta de superávit fiscal primario impuesta sólo hace unos meses atrás. Dado este panorama, las expectativas empresarias ya adelantan un estancamiento económico para el año próximo y las decisiones comienzan a descontar que habrá que seguir esperando para que el crecimiento recupere su potencial.El sector automotor brasileño no escapa a esta dinámica. La demanda está cayendo entre 17 y 20 por ciento, y ya se estima que se demorará por lo menos cuatro o cinco años para recuperar los niveles de 2013. De todos modos, hay que tener en cuenta que la industria automotriz vecina ha invertido casi 25 mil millones de dólares en los pasados tres años, apalancada por el programa Innovar Auto, lo que va a generar un fuerte proceso de transferencia y renovación tecnológica. De manera que el sector buscará ajustarse a una economía poco dinámica, apuntando hacia adentro a mejorar la competitividad y productividad, y hacia afuera a diversificar mercados exportadores o apostar más fuertemente a la reposición. Impacto local Esta compleja coyuntura que vive Brasil, sin dudas posee un impacto para Argentina. En el corto plazo, no se trata de buenas noticias. El escaso dinamismo de su economía, a lo que se suma un real en niveles mínimos versus un peso que se aprecia de la mano del dólar, se encuentran entre las principales razones por las que nuestro país marcará en 2015 el superávit comercial más bajo en 15 años. ¿Renacimiento? Sin embargo, la coyuntura adversa en el país vecino y la expectativa de cambio de ciclo en Argentina podría constituir una oportunidad con vistas a 2016, ocasionando un renacimiento del interés inversor de las empresas brasileras en nuestro país. Pero esto no se materializaría inmediatamente. El mal estado de la relación bilateral y la desconfianza que ha generado la política económica local de los últimos años entre los empresarios de Brasil, harán que prime la cautela, demorando cualquier decisión a la espera de señales sólidas de cambio de parte del próximo gobierno local. El desafío será entonces recuperar la credibilidad con reglas de juego claras y generar nuevas oportunidades de inversión para una Argentina que ambiciona volver a liderar el crecimiento regional.

