La caja de Pandora
Todavía el Gobierno no admite una inflación que ya galopa al 30 por ciento anual, pero sí entiende que el tipo de cambio asfixia la competitividad de las empresas y aumenta el drenaje de dólares desde el Banco Central.
Martín Lousteau lo explica con claridad: “Las crisis que vaticinamos los economistas cuando vemos inconsistencias macroeconómicas, muchas veces tardan más de lo anunciado en llegar, porque desde el poder político se puede estirar la situación con artilugios. Eso sí: cuando llegan, suelen tener una dinámica mucho más rápida de la que preveíamos”.
En ese interregno parece que estamos: la economía en falsa escuadra que bautizó Roberto Lavagna se mantuvo “chueca” durante largos trimestres, envalentonando al coro kirchnerista que negaba tales anomalías. “Vienen anunciando crisis desde 2010”, decían.
Pero el punto de inflexión a las inconsistencias ha llegado. Todavía el Gobierno no admite una inflación que ya galopa al 30 por ciento anual, pero sí entiende que el tipo de cambio asfixia la competitividad de las empresas y aumenta el drenaje de dólares desde el Banco Central. Saben –sin decirlo del todo– que los subsidios tienen que ser urgentemente revisados (el verano es una buena época para eso) y que más temprano que tarde iremos a una convergencia de los múltiples dólares de la economía, mucho más arriba de los siete pesos imaginados para 2014.
No menos complicado es el panorama en las provincias. Córdoba parece ser –como tantas otras veces– un espejo anticipado del país: la exitosa extorsión de la Policía cordobesa cundió como ejemplo rápidamente en otras fuerzas provinciales y en otros estamentos del mismo Estado cordobés. A los saqueos salvajes, seguirán ahora fuertes reclamos y huelgas de otros gremios, en los que todos quieren su parte lo antes posible, en un sálvese quien pueda que, ya sabemos, no salvará a nadie.
Todos merecen un mejor salario, claro. El tema es cómo se paga. El Estado nacional asfixia a la economía con una presión impositiva inédita en la historia argentina y superlativa en el contexto regional. Y muy injusta en comparación con la calidad de servicios que brinda.
Sin más recursos para extraer, los estados nacionales, provinciales y municipales deberán aprender cómo romper la dinámica expansiva de sus gastos. No será una tarea fácil, pero otra no queda: la recaudación impositiva nacional ya muestra signos de agotamiento y crece por debajo de la tasa de inflación. Es decir, decrece.
En este contexto de achique, hará falta mucha “muñeca” para manejar la puja sectorial y –sobre todo– un plan claro y bien explicitado.
Como en la mitología griega, el kirchnerismo (obligado por las circunstancias) ha abierto la caja de Pandora que Néstor Kirchner dejó con la consigna de mantener cerrada. Allí dentro estaban agazapados todos los males que él mismo encerró.
Ahora se despliegan por todos los rincones del país y en vano será intentar –como Pandora– volver a cerrar la caja. Dentro de ella, dice el mito, sólo quedó Elpis, el espíritu de la esperanza. Nos hará falta.

