La agenda económica del nuevo presidente
La agenda del nuevo gobierno estará casi obligatoriamente dirigida en una primera etapa a reordenar los serios desequilibrios acumulados en materia fiscal, monetaria y cambiaria.
El país se prepara para un nuevo ciclo político y económico que comenzará, cualquiera sea el ganador del balotaje, el 10 de diciembre próximo. Un ciclo que deberá revertir la pérdida de confianza del final de la gestión que se despide con una actividad estancada y que no crea empleo. La agenda de gobierno del nuevo presidente estará casi obligatoriamente dirigida en una primera etapa a reordenar los serios desequilibrios acumulados en materia fiscal, monetaria y cambiaria, y que permiten pensar que podrá haber continuidad en 2016. Pero lo importante es que sus pasos no se detengan en esas iniciativas, sino que en paralelo se comience a construir el mediano plazo. Es decir, se definan los lineamientos que permitan recuperar la competitividad de los sectores productivos, único modo de lograr que el crecimiento sea sostenible en el tiempo.Solucionar los desequilibrios macroeconómicos es condición necesaria pero no suficiente para volver a activar la economía. Resolver la macro será urgente, pero adentrarse en los sectores y sus problemáticas puntuales será clave para dar el impulso definitivo a la inversión y, por tanto, al crecimiento. Otro escenario El mundo está dando señales de que la etapa de alta expansión de la década pasada, tanto de las economías emergentes como desarrolladas, no seguirá vigente en los próximos años. Si bien el mundo seguirá creciendo, presentará mayores desafíos a la inserción internacional de los distintos sectores de actividad y los precios de las commodities que, sin ser bajos, se sostendrán en niveles que estarán lejos de los récords alcanzados recientemente. En este escenario, Argentina tendrá el desafío de agregar mayor valor a la producción de alimentos y consolidar la de los sectores industriales más dinámicos, estratégicos y con mayor potencialidad a través de la inserción en las cadenas de valor regionales y globales. Para ello, y considerando que un escenario global más competitivo será la regla hacia futuro, será necesario asumir como objetivo la mejora de la competitividad sectorial. Es decir, por un lado, alentar la productividad de las empresas en cuanto a las formas de producción y gestión de negocios, y por otro, adecuar todos los factores sistémicos para acercar a los sectores competitivos a sus mercados objetivo.El cambio de ciclo que se abre a partir de diciembre ofrece para nuestro país una oportunidad inmejorable para avanzar en este sentido: la configuración de un entramado productivo que, en un marco de una mayor integración a las cadenas globales de valor, pueda aprovechar nuestras potencialidades. Manos a la obra Es responsabilidad conjunta del sector público y privado coadyuvar a la creación de estas ventajas comparativas que permitan la inserción en las cadenas de valor. Por el lado de las empresas a través de la incorporación de tecnologías, la constante capacitación de la mano de obra, y la recepción de un mayor flujo de inversiones. La innovación, en particular, se vuelve un factor crítico en el desarrollo, dado que más allá de la evolución técnica, es la herramienta que permite reaccionar ante los cambios que impone un mercado cada vez más dinámico y global. Por el lado público, estas decisiones privadas deben ser alentadas mediante una política industrial adecuada, que priorice un enfoque sectorial además de transversal que impulse el crecimiento de aquellas áreas que más se ajustan a los objetivos de desarrollo nacional, y que deberían identificarse como estratégicas.Así, la nueva agenda deberá empezar a considerar –sin dilaciones– las bases de la competitividad sistémica, de modo que el sector productivo pueda volver a insertarse de modo exitoso en la economía mundial. Y esto implica trabajar en aspectos como el marco regulatorio e institucional para atraer la confianza inversora, así como el apuntalamiento de la infraestructura como medio para reducir los costos logísticos y comunicacionales a través de importantes inversiones viales, portuarias, energéticas y de telecomunicaciones. También comprenderá trabajar en la inserción internacional recuperando destinos de exportación, y fundamentalmente el aliento a la innovación como proceso de desarrollo.Las correcciones urgentes y las políticas de mediano plazo deberán conjugarse en la hoja de ruta del próximo presidente, y resultar en un plan integral que sea percibido por los actores económicos como coherente y creíble. Una combinación hasta hoy ausente en nuestro país pero que, incorporado en la agenda de prioridades, encausará a la Argentina a un camino de desarrollo y crecimiento.

