Hablando de Repsol y el shale gas...
¿Es más barato sacarle energía al sol que a las piedras?
El economista Paul Krugman publicó ayer en su blog un análisis muy interesante sobre los métodos de fracking, el proceso por el cual las petroleras introducen en los pozos, a grandes profundidades, una mezcla de agua, arena y químicos a una presión tal que causan pequeños terremotos, como resultado de los cuales el petróleo y el gas natural atrapado en mantos rocosos o arenosos sellados puede salir a la superficie. Las rocas son “molidas” de este modo.
La cuestión viene a cuento porque este es justamente el método que tendrán que usar compañías como Apache o Repsol en las enormes reservas de shale gas, cuya existencia ya se conocía en la cuenca neuquina pero que recién ahora se pueden explotar económicamente (por el precio internacional alcanzado por el petróleo y porque el Gobierno argentino está dispuesto a reconocer por ese gas un precio mayor).
Y, justo ayer, Repsol precisó que, de las pruebas realizadas en 15 pozos con este tipo de tecnología, deduce que podrá extraer millones de metros cúbicos de petróleo y gas. Ahora sí la compañía está en condiciones de incorporar esos metros como parte de sus reservas (mientras los hidrocarburos no son económicamente extraíbles, no pueden contabilzarse como tales, aunque se conozca su existencia). Por eso la cotización de sus acciones se disparó.
El tema es groso. Con esta tecnología, en los últimos cinco años las reservas de gas natural en Estados Unidos crecieron 30 por ciento y la producción aumentó 20 por ciento, según el sitio www.energyfromshale.org, que defiende a capa y espada esta tecnología.
Volvamos a Krugman. Básicamente, lo que dice el premio Nobel es que con estos métodos las petroleras externalizan enormes costos, básicamente ambientales y en menor medida de infraestructura. Aunque la cuestión está en plena discusión, existen riesgos de contaminación de fuentes de agua y el transporte de todos los elementos (el agua, la arena) que se inyecta en los pozos daña rutas y caminos.
Externalizar costos significa que no son afrontados por la petrolera, sino cargados a la cuenta de la sociedad en general. Algunos se pagan en el corto plazo (las rutas rotas) y los otros son de largo plazo, una especie de deuda sin deudor específico (contamino el agua ahora, después se verá). Antes de que nadie se excite demasiado –siempre es tan reconfortante pegarles a las petroleras–, aclaremos que en prácticamente todas las actividades privadas hay externalizaciones.
Y aclaremos que muchas veces sucede al revés: las empresas internalizan costos de bienes o servicios que disfruta la sociedad (ejemplo: la red de baños públicos que se dispone en el territorio gracias a las estaciones de servicio que, salvo excepciones, no te exigen que compres nada en ellas a cambio de hacer pipí).
La cuestión es que Krugman explica que si esos costos ambientales y de infraestructura se internalizaran en las petroleras que generan estos profundos terremotos, entonces su explotación ya no sería rentable.
Más interesante: asegura que, medidos así los costos, la generación de energía solar sería más rentable, dada la fuerte reducción de costos de producción de paneles solares en los últimos años: si se descuenta la inflación, esos costos han venido bajando al 7 por ciento anual. Ya no es una cuestión de hippies románticos.
Al punto que, según Krugman, ya podría aplicarse a la energía solar –con un porcentaje menor– la ley de Moore, según la cual los precios de la capacidad instalada de computación caen 50 por ciento cada 18 meses. Al revés, en la industria de los hidrocarburos los costos suben. Todo un tema para la definición de políticas públicas. En el mundo y en Argentina.

