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Qué pasa con el euro

A mediano plazo, ni el dólar ni el euro van a defender los ahorros frente a la inflación. Por ahora, la relación entre ambos va a estar más atada a las noticias que a una tendencia definida. Marina Dal Poggetto.

03 de octubre de 2010 a las 12:02 a. m.
Marina Dal Poggetto (Directora del Estudio Bein & Asociados)
Qué pasa con el euro

El euro revivió en la última semana y ya supera el valor de 1,37 dólares, tras haber quebrado la barrera de 1,20 apenas cuatro meses atrás, cuando las dudas en torno a su sustentabilidad llegaban a pronosticarlo cerca de uno. ¿Qué cambió para semejante corrección? ¿Se puede sostener en el tiempo? Estas son dos preguntas que se reciben a diario.La repentina fortaleza del euro tiene, básicamente, dos causas. Por un lado, la contención del riesgo sistémico originado en la dudas sobre la sustentabilidad fiscal de los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España), debido a la creación del Fondo de Sustentabilidad para la Estabilidad Europea (con aportes de los estados de la zona Euro y del FMI) para refinanciar la deuda de los países en problemas. Por otra parte, las señales de la Reserva Federal respecto a una nueva inyección monetaria frente a los temores del mercado, gavillados por el freno en el nivel de actividad en Estados Unidos y la dificultad que enfrenta Obama para pasar por el Congreso un paquete de estímulo fiscal por la reticencia republicana. Pero, más allá de esta situación, las cuestiones de competitividad estructurales de las economías europeas no cambiaron. Salvo Alemania, que arrancó con fuerza en el segundo trimestre, de la mano del salto en las exportaciones a China, el resto de las economías se mantiene con crecimiento anémico o siguen cayendo, como en el caso de Grecia e Irlanda. Los paquetes de ajuste fiscal anunciados, y que empiezan a ser llevados a cabo en estas economías, no alcanzan para evitar que las calificadoras de riesgo sigan bajando la nota a los PIIGS, mientras la fuga de capitales hacia Alemania sigue generando un drenaje de depósitos hacia esta economía. Esta situación indica que, así como no eran razonables los pronósticos agoreros que anunciaban la desaparición del euro en medio de la crisis de mayo (dado que los costos sistémicos implícitos en una eventual ruptura de estos contratos iban a llevar necesariamente al salvataje de estas economías) tampoco sirve ahora pararse del otro lado frente a una trayectoria impulsada por la debilidad del dólar, más que por la fortaleza del euro. A mediano plazo, ninguna de las dos monedas va a defender los ahorros frente a la inflación. Por ahora, con el mundo desarrollado en la base de la "U", debatiendo si va a haber o no recaída, la relación euro-dólar va a estar más atada a las noticias que vayan surgiendo de ambos lados que a una tendencia definida.