Pese al freno del real, Argentina todavía tiene margen
Brasil cambió la política económica que venía llevando adelante por la pérdida de competitividad que sufrían sus empresas. Argentina sigue teniendo una posición favorable frente al vecino, pero hay que trabajar algunas cosas. Dante Sica.
Brasil despidió 2010 con una tasa de inflación del 5,9 por ciento, que si bien es relativamente baja, escapó a los niveles fijados por la autoridad monetaria, lo que obligó al Banco Central de Brasil a seguir elevando la tasa Selic como instrumento para contener la suba de precios. A lo largo de este año la tasa fue elevada en cinco oportunidades para pasar del 10,75 por ciento hasta alcanzar el 12,5. Sin embargo, en estos días se produjo una modificación de la estrategia seguida a lo largo de todo 2011 y se redujo la tasa Selic 0,5 puntos, para ubicarla en 12 por ciento. Ello vino acompañado por un ajuste en las necesidades de financiamiento que por un lado permitiera convalidar la baja de tasa y que a su vez sirviera como reaseguro frente a la incertidumbre reinante en torno al alcance que pueda llegar a tener el rebrote de la crisis.La entidad monetaria de Brasil aprovechó de esta manera que el país tuvo una desaceleración de su crecimiento algo mayor a la esperada en la primera mitad del año y decidió que era el momento de jugar fuerte y bajar la tasa, considerando las menores presiones inflacionarias. En esa dirección, se buscó desincentivar el ingreso de capitales y debilitar al real. La economía brasileña mostró una merma en el crecimiento, con una variación del 0,3 por ciento con respecto al primer trimestre de 2011. En la comparación interanual, de todos modos, la expansión fue 3,1 por ciento durante el segundo trimestre. El cambio de la política llevada adelante por Dilma Rousseff obedece fundamentalmente al proceso de pérdida de competitividad que viene arrastrando Brasil desde 2008, con una constante apreciación de su moneda, a causa de la importante afluencia de capitales y a la apreciación del tipo de cambio real. Aun así, producto de la volatilidad de los mercados, el real mostró en los últimos dos meses un movimiento de depreciación frente al dólar, tendencia que se logró acentuar tras la baja de la tasa Selic. A la hora de analizar el impacto que puede tener sobre Argentina el movimiento cambiario de Brasil y la merma de su nivel de actividad, es importante tener en cuenta en primer lugar que los flujos comerciales con Brasil dependen mucho más del ciclo económico y de la capacidad de la oferta local, que del tipo de cambio real. Por otro lado, si bien es cierto que el real sufrió una devaluación cercana al siete por ciento en los últimos dos meses, la relación cambiaria continúa siendo altamente favorable para Argentina y no da la sensación de que vaya a ocurrir un cambio significativo. Respecto a la actividad económica, las expectativas de mercado son que Brasil finalice 2011 con un crecimiento del 3,7 por cinto. Si bien la variación está muy por debajo del 7,5 de 2010 (en un contexto de recuperación), está por encima del promedio de la década pasada. Para 2012 en tanto, las perspectivas son de un crecimiento de 3,8 por ciento.De esta forma, los efectos que podría experimentar Argentina por los movimientos de reacomodamiento en Brasil aún parecen ser moderados en el peor de los casos.El real no ha mostrado una importante depreciación frente al dólar, pero ha dejado de apreciarse, lo que ha sido interpretado como un escenario diferente por los sectores industriales de Argentina. Este nuevo contexto de un real con menor valor genera por lo tanto incertidumbre, que tendría asidero en el caso de que esta tendencia se consolidara en el futuro, algo que se presenta, a priori, como poco probable. Es cierto que hacia adelante es difícil que el real siga apreciándose como lo venía haciendo –resolviendo los problemas de pérdida de competitividad de Argentina–, pero no hay razones para esperar un retroceso sostenido de la moneda brasileña en el mediano plazo. Argentina de este modo tendrá que estar atenta con lo que ocurre con Brasil, pero también deberá empezar a resolver algunos problemas internos para no quedar tan expuesto y depender de escenarios de cierta volatilidad. En este sentido, la paulatina pérdida de competitividad del sector industrial, con costos salariales que hoy superan a los verificados en la década del '90, deberá ser resuelta no a través de ajustes en el tipo de cambio sino a partir de políticas que frenen las expectativas inflacionarias y favorezcan escenarios para una mayor inversión, de calidad y que de sustento para un crecimiento de largo plazo.

