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Los desafíos de la normalidad

La Presidenta ha comenzado a dar mejores señales en sus discursos y en su accionar. Esperemos que no se trate sólo de un espejismo y haya algunos cambios concretos. Javier González Fraga.

12 de diciembre de 2010 a las 12:02 a. m.
Javier González Fraga (Economista)
Los desafíos de la normalidad

En las últimas semanas parecemos un país encaminado hacia la normalidad. Obviamente hay mucho temor de que esto sea solamente un espejismo, producto de una especulación política, con una finalidad electoral, ya que ciertas prácticas siguen vigentes, y no sería la primera vez que haya una amplia brecha entre el discurso y el accionar de la presidenta Cristina Fernández, como ocurrió en la campaña de 2007. Pero no debemos subestimar una seguidilla de señales que, curiosamente acompañadas por un culto a la personalidad del ex presidente Néstor Kirchner, han avanzado en dirección totalmente contraria a la que inspiraba el desaparecido mandatario. En esta lista se destacan las diferencias entre las actitudes asumidas en la reciente Cumbre de Mar del Plata, y lo ocurrido en 2005 en el mismo lugar. También la invitación al FMI a opinar técnicamente sobre nuestros índices de precios, tema del que me ocupé en la columna de dos semanas atrás, los avances más concretos en la reinserción internacional a partir de la ampliación del canje, y la regularización de nuestras deudas con el Club de París. Y, muy especialmente la disposición del Ejecutivo a acompañar un incipiente y difícil proceso de diálogo entre sindicalistas y empresarios, desde un lugar de tanta "imparcialidad" que casi parece inaceptable al líder de la CGT que siente que "le han soltado la mano". Podríamos sumar a esta lista la cordialidad de las últimas apariciones públicas de la Presidenta en contextos empresarios, e inclusive la invitación a líderes de la oposición a algunos actos casi oficiales, como el reciente de YPF. Y también el prudente manejo de las filtraciones difundidas por Wikileaks, que en otros años hubieran encendido hogueras y merecido respuestas mucho más violentas. Esto no significa que no se mantengan las peores prácticas económicas de este gobierno, como los aprietes a empresarios por los precios, las trabas a las exportaciones y a importaciones, los manejos muy oscuros del Oncca, y por lo menos hasta ahora, los cuentos del Indec. O quizá lo más grave por omisión, la falta de una política realmente antiinflacionaria, que nos permita despejar el horizonte de los nubarrones que a veces impiden disfrutar del muy favorable contexto externo que enfrenta la economía argentina.Si se confirmase esta vuelta a la normalidad, que sin ninguna duda constituye un enorme progreso institucional de cara a un nuevo período de gobierno en 12 meses más, el país se enfrentaría a un cambio de paradigma interno, que probablemente nos tome por sorpresa ya que nos habíamos acostumbrado a pensar una Argentina diferente.Esta realineación internacional, más cerca de Chile, Brasil y Colombia, y más alejada de Venezuela y Ecuador, si se confirmase, pondría a la Argentina entre las naciones que podrían recibir un importante flujo de inversiones, tanto financieras como productivas, en los próximos años. Y considerando lo ausente que estuvo la Argentina de este proceso, especialmente en comparación con aquellos tres países, lo vulnerable de una nueva exposición a una corriente favorable, si no es conducida exitosamente. Tiempo para actuar. Obviamente es muy temprano para preocuparse por estas cuestiones, pero no deja de ser el momento adecuado para que desde el gobierno se anticipen con la implementación de políticas adecuadas para este nuevo contexto, que podría estar madurando en coincidencia con el recambio de autoridades de 2011. "Ponerse de moda", como país, es sumamente peligroso, como lo demostró nuestra experiencia de los '90, y como después lo demostró Irlanda, con los resultados por todos conocidos. Es peligroso porque a los capitales especulativos no les interesan los aspectos fundamentales de una condición económica, sino solamente anticipar los cambios en los precios de los activos, en plazos cortos. O sea, fabricar una burbuja, y salir de ella antes que los demás.Un país como la Argentina, con muchos precios de activos atrasados, y con sólo moderadas señales de apreciación cambiaria, constituye un blanco sumamente atractivo para estos movimientos especulativos. Hasta ahora hemos sido capaces de evitar estos ingresos de "capitales calientes", y no gracias a los encajes al ingreso de capitales, ni a medidas como impuestos que han fracasado en países como Chile, Brasil y Colombia. Nosotros los hemos evitado mucho "más eficazmente" creando un pésimo clima de negocios, maltratando a las empresas, e interfiriendo en las decisiones económicas.Pero si se crearan expectativas de que esto pudiera revertirse, corremos el riesgo de que el ingreso de capitales genere un mayor proceso inflacionario o una mayor apreciación del peso, o una mezcla de ambas. Todo esto recrearía un escenario parecido a los '90, cuando especular era más rentable que producir, y cuando los balances comerciales negativos se compensaban con ingresos de capitales y/o endeudamiento. Cuando alguien se quema con leche, cuando ve una vaca llora.