La delgada línea roja fiscal
Las cuentas públicas nacionales requieren de una mirada atenta y de comenzar a actuar en 2012. Marcelo Capello.
Las finanzas públicas nacionales se ven diferente según la lente que usemos. Si lo hacemos con visión de largo plazo, se aprecia que en los últimos 50 años el sector público mostró sólo 14 con superávit primario y 71 por ciento de ellos se dieron en los últimos 10 años. Si lo que se analiza es el resultado financiero, nos encontramos con sólo siete años con superávit en medio siglo, todos en los últimos 10 años. Así enfocado, Argentina muestra un gran progreso en el manejo de sus cuentas públicas. Si lo analizamos con una visión más corta, se percibe que el sector público nacional ha ido perdiendo su superávit primario en los últimos años, desde 3,9 por ciento en 2004 a virtualmente cero cuando termine 2011, aun frente a un pocas veces visto favorable contexto externo, y con el uso de cuantiosos recursos extraordinarios en la última década (impuestos nuevos, estatización de AFJP y uso de utilidades del Banco Central y Anses). Si no se hubiese echado mano a tales recursos extraordinarios, a julio de 2011 hubiese exhibido un déficit primario de casi siete puntos del PIB. En esto, seguimos sin aprobar el examen.En rigor de verdad, también han existido gastos extraordinarios, que deberían ir perdiendo importancia en los próximos años. Los más importantes son los subsidios a empresas de energía, transporte y otros, que a julio de 2011 llevaban acumulados 47 mil millones de pesos, cuando en todo 2010 se gastaron 48 mil millones con ese fin (en 2006 eran 6,5 mil millones). Es la gran amenaza, pero también la mayor oportunidad. Si bien al final de 2010 la deuda pública nacional sumaba similar porción del PIB que en 2000 (45 por ciento), existen ahora dos grandes ventajas con relación a los '90: 47 por ciento de la deuda es con el mismo sector público, por ende fácilmente refinanciable, y 41 por ciento está en moneda local. La mala noticia es que para pagar deudas difícilmente se pueda disponer de reservas del Central. ¿Existe algún escenario para los próximos años en que se paguen los servicios de deuda sin recurrir nuevamente a los mercados voluntarios de deuda? Si, pero implica desacelerar el crecimiento del gasto. Por ejemplo, un aumento de no más del 18 por ciento nominal en 2012 (similar a la suba que comienza a sonar en salarios). Ambas posibilidades, junto a una moderación del crecimiento en la cantidad de dinero, deberían ser los pilares de una estrategia para bajar la inflación a partir del año próximo. Si se quiere generar espacio para otros objetivos fiscales más ambiciosos, aunque absolutamente deseables, como bajar impuestos o conformar un fondo anticrisis deberían comenzar a recortar el voluminoso gasto en subsidios a empresas de energía, transporte y otras, llevándolo desde poco más del cuatro por ciento del PIB actual a los niveles de 2006 (uno por ciento). Claro que esto tiene costo político.Ante la necesidad de arreglar con el Club de París, y las consecuencias sobre el gasto previsional que podrían tener los reclamos judiciales por haberes mal calculados, debería también contemplarse el regreso a los mercados voluntarios de crédito, aunque con la precaución de hacerlo en forma fiscalmente sustentable en el tiempo. Son ambiciosos los objetivos y muchas las restricciones, pero no es poco pensar que Argentina tiene la posibilidad de lograrlo si lo hace con sentido de equilibrio, no sólo fiscal.

