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El giro de los Bancos Centrales

Desde principios de los 90 y hasta la crisis financiera de 2008, los bancos centrales del mundo fueron tomando cierta distancia frente a los incentivos de la política de turno. Marina Dal Poggetto.

04 de marzo de 2012 a las 12:02 a. m.
Marina Dal Poggetto (Directora de Estudio Bein & Asociados)
El giro de los Bancos Centrales

Desde principios de los 90 y hasta la crisis financiera de 2008, los bancos centrales del mundo fueron tomando cierta distancia frente a los incentivos de la política de turno, en un contexto donde el consenso priorizaba la fijación de metas de inflación en pos de resguardar la credibilidad y reputación del prestamista de última instancia. La independencia del BCRA era un activo valorado. Sin embargo, a partir de la crisis financiera global cuyo epicentro coincidió con la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008, la coyuntura de riesgo sistémico y avidez extrema por la liquidez implicó un giro sustancial en la praxis de las autoridades monetarias del mundo.

Al borde de una eclosión sistémica los bancos centrales de Estados Unidos (EE.UU.) e Inglaterra dejaron a un lado los manuales de procedimiento durante los ciclos de estabilidad y entendieron que, frente a esta coyuntura, la moneda tenía que dejar de ser un recurso escaso y la liquidez debía ser ilimitada. Así, esas dos entidades -tras el recorte vertical en las tasas de interés- implementaron, temporalmente, la herramienta de relajamiento cuantitativo vía la compra de deuda soberana (1,8 billones de dólares en el caso de EE.UU. y 500.000 millones de dólares en Inglaterra).

Asimismo, el Banco Central de Japón inyectó 800.000 millones de dólares para la compra de títulos del gobierno en una economía que, además de los coletazos de la crisis global, tiene que acarrear con los problemas estructurales de la deflación y el exceso de ahorro de los privados. Incluso el Banco Central Europeo que, bajo el celo anti inflacionario de una Alemania que aún no se olvida de la hiperinflación de los años 20, siguió priorizando el riesgo moral y la escasez de la moneda en medio de la crisis sistémica, ha cambiado el "modus operandi" a partir de la presidencia de Mario Draghi.

La liquidez a tres años inyectada a la banca europea (que desde diciembre ya alcanza un total de 1,3 billones de dólares, sumando el segundo tramo por 700 mil millones de dólares implementado el martes) terminaría engrosando la demanda de deuda soberana y reduciendo, en el margen, el costo del financiamiento de los gobiernos en problemas. Este giro de las autoridades monetarias en el mundo desarrollado, fue aprovechado para justificar la necesidad de cambiar la carta orgánica del Banco Central de Argentina, anunciada por la Presidenta en el discurso de apertura del año legislativo. Sin embargo, la coyuntura argentina es diametralmente opuesta: no estamos al borde de un evento sistémico, no estamos frente a una recesión y, además, la tasa de inflación se ubica en niveles elevados. El objetivo, por cierto, consiste en legitimar el financiamiento que sea necesario al Tesoro vía la utilización de las reservas en poder del BCRA. Lo mismo que en 2010 y 2011, pero ahora sin reservas de libre disponibilidad, ya que la base monetaria iguala a las reservas. La maximización del impuesto inflacionario funcionó mientras en Argentina sobraban dólares. Cuando estos empiezan a escasear, se requiere de los rígidos controles cambiarios para sostener esta situación. No hay una crisis en puerta, más aún, esta coyuntura de controles cambiarios y uso de reservas permitió que tras el anuncio suban los precios de la deuda en dólares sin que se devalúe la moneda. Y esta suba en los precios de los bonos en dólares permite -al menos en el corto plazo- que la Anses siga vendiendo deuda contra dólares en el mercado, a contramano del mentado proceso de desendeudamiento, pero contribuyendo a reponer parte de las reservas que usa el Tesoro para pagar la deuda. Claramente, no es una estrategia al desarrollo, ni el mecanismo para crear un mercado de crédito a largo plazo como se propone en el proyecto de ley.