Demasiadas pulseadas, poco sabor de futuro
Hay mucho para revisar en el mercado del trabajo con el objetivo de lograr mayor equidad y competitividad. El anuncio oficial de vincular más la negociación salarial con la productividad es bueno, pero choca con un nivel inflacionario tan alto. Jorge Vasconcelos.
Demasiadas pulseadas mantiene el Gobierno, con la característica común de mostrar muy poco de la ruta por la que el país debería viajar una vez que esas pujas se diriman.
Esto es válido para la pulseada por el dólar, la que tiene lugar con Moyano y también con Gran Bretaña por Malvinas.
Por lo menos, en este último caso, sabemos que no hay riesgo bélico y, además, las prudentes señales de Estados Unidos a propósito de la última escalada permiten corroborar el notable cambio del centro de gravedad de la economía mundial, en el que regiones como América latina han pasado a sobresalir, en contraste con la debilidad del mundo desarrollado.
Pero deberíamos saber que, desde el punto de vista de la Argentina, poner en valor la pertenencia a la región implica, entre otras cosas, profundizar la integración en el seno del Mercosur. Si también entramos a pulsear con Brasil por las restricciones a las importaciones, ese bonus perderá significación.
Algunas de las batallas que se libran hoy en la Argentina parecen originarse en causas justas. Puede interpretarse que la pulseada del Gobierno con Moyano y con algunos empresarios apunta a licuar el poder de las corporaciones, un objetivo loable ya que las grandes decisiones corresponden a las instituciones de la democracia y no a los intereses sectoriales. Sin embargo, hay pistas que llevan a percibir meras disputas por espacio de poder.Por empezar, esto ocurre en un contexto en el que la economía se cierra cada vez más. Y es sabido que en un mercado aislado de la competencia internacional, el poder de las corporaciones crece. Pero además, por detrás de las pulseadas no parece haber reformas de fondo en discusión. El caso más nítido es el vinculado con la cúpula de la CGT.
La pauta de las actualizaciones salariales para 2012 fue uno de los disparadores de un conflicto en expansión: 18 vs. 25 por ciento son los números que sintetizan el problema. Hay muchos países que, para frenar la inflación, han debido salir de la indexación de los salarios en base a la variación de los precios del pasado, apostando a un futuro con menos inflación.
Fue lo que hizo Chile a principios de los '90, en el primer gobierno democrático post-Pinochet. Sin embargo, para ir en esa dirección la responsabilidad principal pasa por el Ejecutivo. Más allá del comienzo de recortes en subsidios, falta una pauta estricta para el gasto público, lo que permitiría frenar la emisión monetaria destinada a cubrir los baches fiscales.
Mientras, en el plano cambiario, se adivina un sendero moderado para la evolución del precio del dólar en el mercado oficial, pero en un esquema de severas restricciones sobre la demanda potencial de divisas, lo que genera interrogantes de la sustentabilidad de la política. Para quitarle argumentos a la conflictividad gremial, el Gobierno debería lograr una coordinación más ajustada de las expectativas a favor de un sendero descendente para la inflación.En un plano menos coyuntural, el tema de fondo es cómo lograr que aumenten los empleos de calidad sin afectar e incluso reforzando la capacidad competitiva del país.
El mercado de trabajo sigue muy segmentado, con poco más de la mitad de los asalariados privados en condiciones formales. Esto es negativo desde el punto de vista de la equidad, pero también lo es en la dimensión competitividad.
El segmento informal es un lastre para las inversiones y los avances tecnológicos del sector formal, porque la competencia desleal le quita a este último escala, márgenes y mercados.
A su vez, son pocos los casos de actividades informales que se trastocan y pasan a formar parte de la economía "en blanco". Se define así un sendero de crecimiento por debajo del potencial en cuanto a inversiones e innovación, lo que debilita la capacidad de competir internacionalmente. Puede hacerse una analogía entre la Argentina actual y la Alemania de principios de los '90 cuando, tras la caída de Muro de Berlín, se encaró la unificación. En aquel entonces, el lado Occidental registraba salarios y productividad que triplicaban las del Este. La unificación se hizo con un movimiento de pinzas, cambiando el statu-quo en ambos lados de la disuelta frontera.
Sin llegar a parecerse a las instituciones laborales norteamericanas, hubo flexibilización en Alemania Occidental, pero no en el sentido de desproteger a los trabajadores, sino en la dirección de incorporar más incentivos vinculados con la productividad, fomentando la descentralización de las negociaciones para reconocer las diferencias de competitividad entre sectores y empresas.
Del otro lado, se aplicaron subsidios para que la absorción de los trabajadores del Este no afectara a las empresas contratantes ni a los asalariados. Argentina tiene muchas cosas para revisar en el funcionamiento del mercado de trabajo en aras de la competitividad y la equidad. En la parte formal, los sobrecostos que afectan tanto la predisposición a contratar de las firmas como su capacidad de ganar mercados: la industria del juicio vinculada con accidentes de trabajo, el régimen de indemnizaciones por despido (existen alternativas, como en Austria, en las que se alivian los costos para las empresas, sin perjudicar a los asalariados).
En este sentido, los anuncios oficiales de vincular de un modo más estrecho las negociaciones salariales con la productividad y la rentabilidad van en la dirección apropiada, aunque las elevadas expectativas de inflación (25 por ciento anual según Di Tella) hace menos nítido el contorno de las variables.Respecto del segmento informal, alguna vez la Argentina deberá invertir (como hizo Alemania Occidental a favor del Este) en generar condiciones apropiadas para incorporarlo a la economía en blanco, con los beneficios que conlleva para los trabajadores, la recaudación y los empresarios innovadores.
Deberá pensarse en algún tipo de subsidio a una fracción del salario mínimo para el "primer empleo" y para aquellos puestos que se generen fuera de los grandes centros urbanos. El mejor mecanismo son los créditos fiscales de IVA ya que de paso requieren blanquear ventas. En la medida en que los conflictos cedan paso a los debates, podrá alejarse la idea de un país marcando el paso en el mismo lugar y acercarse más sensación de futuro.

