Al ritmo de los precios mundiales
Los períodos de bonanza política y económica en el país coincidieron con términos de intercambio favorables. Alberto Díaz Cafferata.
Argentina se especializa en la exportación de commodities agropecuarias y, en consecuencia, enfrenta precios muy inestables de sus exportaciones, con vaivenes amplios, largamente inesperados y fuera de su control porque esos precios se forman en los mercados internacionales. Históricamente, ese comportamiento afectó no sólo la economía sino la estabilidad misma de los gobiernos. El que surgirá de las próximas elecciones ¿tendrá precios favorables o deberá lidiar con condiciones adversas? Veamos la cuestión en la perspectiva de los términos de intercambio (TI), que se definen como el precio de las exportaciones relativo a las importaciones. Cuando los TI suben, obtenemos más importaciones por nuestras exportaciones, lo que estimula la actividad, mejora los ingresos fiscales, la balanza comercial y la solvencia externa. Pero los momentos de bonanza pueden revertirse inesperadamente. Nuestros TI suben y bajan típicamente de manera brusca y sustancial, lo que se transmite a la política. Un ejemplo notable es la aparición del peronismo: entre 1946 y 1949 los TI crecieron a un pico histórico, contribuyendo a aumentar un 60 por ciento el salario real y a fortalecer la base social que llevó a Perón a la reelección en 1951. Su contracara fue el debilitamiento de la capacidad de acción con la posterior caída en picada de los TI. Los TI cayeron en los años 80, una década que cerró con hiperinflación y traspaso adelantado del Gobierno. Con TI crecientes, Carlos Menem fue reelegido en 1995. Fernando De la Rúa cayó junto con los TI argentinos, que luego crecieron sostenidamente. Entre el primer trimestre de 2002 y el de 2011, se elevaron 56 por ciento, favoreciendo el crecimiento de la economía. Argentina está expuesta, así, a los poco previsibles caprichos de los precios de su intercambio. La economía nacional, inserta en la mundial, acompaña y, a veces, magnifica sus vaivenes. ¿Cuál es la perspectiva para la próxima década? La formulación de estrategias en economía es complicada porque hay que balancear beneficios y costos, con un futuro desconocido. Pero la incertidumbre puede acotarse trazando escenarios posibles. A la espera de un crecimiento global moderado, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (Usda) proyectan hasta 2020 una tendencia positiva de los precios de los alimentos. Sin embargo, a partir de esa perspectiva favorable, los precios de las commodities experimentarán los típicos shocks y vaivenes mencionados, que tienen costos porque incorporan inestabilidad a la economía. La presencia de estas fluctuaciones sorpresivas debe contemplarse en el diseño de la política. Un ejemplo es lo que hizo Chile: adoptó una regla de balance estructural para suavizar los efectos de la fluctuaciones que imprimen a sus ingresos fiscales las variaciones intertemporales del precio del cobre: el gasto público se determina según los "ingresos estructurales", considerando la tendencia del producto y el precio del cobre de mediano plazo. Otra opción, de más largo plazo, es la diversificación de las exportaciones, que proporcionaría una canasta con precios menos volátiles.

