Esperando el temblor
77 por ciento de los argentinos está esperando una crisis.
77 por ciento de los argentinos está esperando una crisis. La cifra no proviene de ningún búnker opositor sino del estudio Pulso Social 2014, que elabora la consultora CCR, enfocada en tendencias de consumo.
En efecto, entre quienes consideran “bastante probable” (41 por ciento) y “probable” (36), tres de cada cuatro compatriotas ve un horizonte peor para el próximo año.
Aun cuando esto finalmente no se dé, la actitud de la mayoría de los argentinos está teñida de esa sensación: como sucede cada siete o 10 años, la economía se mueve en sus capas más profundas generando un reacomodamiento de todos los jugadores.
¿Por qué tanto pesimismo? Como nos enseñó Perón, la víscera más sensible del ser humano es el bolsillo: tres de cada cuatro encuestados por CCR no pueden ahorrar (en el mejor de los casos) o directamente está endeudándose para poder vivir.
Es curioso seguir el derrotero de los títulos que CCR pone a sus trabajos: 2011 fue “Moderado optimismo”; 2012, “Bipolaridad e incertidumbre”; 2013, “Bajemos un cambio”, y este trabajo se resume en un claro “Con la tijera en la mano”, en relación con el recorte en consumos y satisfacciones que reconocen los integrantes de esta muestra nacional.
Como ya vienen detectando en el día a día los supermercadistas, se instaló en la sociedad un modelo de consumo muy racional que ya no cede a las compras impulsivas y que –incluso– se abastece “defensivamente” para “ganarle” a la inflación.
Con diferentes comportamientos según el nivel socioeconómico, los más acomodados están “escuchando ofertas”; las clases medias, “tratando de mantener el control”, y los de más abajo, directamente “con el ojo en el precio”.
El inquietante informe no hace sino poner en números y perspectivas de datos el malestar creciente de la sociedad. Hasta los sindicalistas amigos del Gobierno admiten que “las bases están calientes”. Y eso que representan a los más afortunados de los trabajadores, los que tienen cobertura social, paritarias y salarios muy por encima de los “informales”.
En este contexto de falta de expectativa favorable, casi cualquier cosa que haga el Gobierno caerá en saco roto. Y ya se sabe: la credibilidad es la mitad de cualquier plan económico.
Tan poca fe hay en lo que queda de kirchnerismo que los argentinos que consideran que nuestro país es el mejor lugar del mundo para vivir fueron cayendo del 30 por ciento en 2012, al 25 el año pasado y sólo 20 por ciento este año. Por primera vez, casi hay más argentinos que eligen Suiza (17 por ciento) como el mejor país del mundo, seguida de Canadá (13) y Australia (10).
El que tome la posta después de esta década alargada tendrá una fenomenal tarea de terapeuta social.

