Escenarios alternativos para el sector cambiario
Los números muestran que los dólares no alcanzan y, si no se hace nada, el país terminará en un ajuste forzado que, incluido un salto devaluatorio, no dejará de ser traumático.
Nadie se atreve a dar un pronóstico (difícil en una gestión en la que los miembros del gabinete económico tienen distintas visiones de las cosas) pero hay una coincidencia: algo debe hacer el Gobierno con el mercado cambiario luego de las elecciones, porque mantener el status quo no es sostenible.
Los números muestran que los dólares no alcanzan y, si no se hace nada, el país terminará en un ajuste forzado que, incluido un salto devaluatorio, no dejará de ser traumático. En los últimos meses, la estrategia fue acelerar la tasa de depreciación del dólar por encima de la inflación, para no perder más competitividad. Sin embargo, esta alternativa no es sostenible en el tiempo. “Un mayor incremento del tipo de cambio oficial podría ayudar a contener la brecha cambiaria y mantener incentivos a los exportadores, a la vez que podría mejorar el saldo fiscal vía impuestos aduaneros. Pero esta estrategia es riesgosa en términos de inflación, si no se implementan otros cambios de política fiscal y monetaria”, señala Ecolatina.
“El principal problema es que el cepo no es un sustituto de una buena política cambiaria. Las reservas se han visto afectadas por la brecha superior al 50 por ciento entre el dólar oficial y el paralelo y por la decisión de mantener una flotación administrada”, señala el economista Miguel Kiguel.
“Después de las elecciones, el Gobierno tiene tres opciones: más cepo, desdoblamiento del tipo de cambio, o liberar el cepo (devaluar)”, señala el ex secretario de Finanzas, Daniel Marx. Alternativas con las cuales coincide Fausto Sportorno, economista de Orlando Ferreres y Asociados.
Las dos primeras opciones, implican ganar tiempo hasta el final del mandato de la Presidenta.
La tercera, sería una solución de shock con un ajuste de la economía para lograr un nuevo equilibrio que no dejaría de ser traumático. Es la menos probable: el Gobierno evitará una devaluación brusca todo lo que pueda. Aunque Marx advierte que el límite de esta política es el nivel de reservas, si caen demasiado, será la única opción.
En el Gobierno, el viceministro de Economía, Axel Kicillof, es partidario de desdoblar el mercado. Por un lado, un dólar turista y financiero, y, por otro uno comercial. Por supuesto, esta solución no puede ser permanente.
La otra salida, que fogonea el secretario Guillermo Moreno, es cerrar el cepo aún más. Una opción es aumentar la percepción del 20 por ciento a los gastos con tarjeta por turismo o compras al exterior, algo que el titular de Afip, Ricardo Echegaray, ya negó. El problema es que, como es a cuenta de otros impuestos, no podría superar el 35 por ciento y este recargo es insuficiente para frenar estos gastos.
Una segunda posibilidad es poner un tope máximo a esas compras, similar a lo que ocurre en Venezuela. Una tercera, es restringir al mínimo la venta autorizada de divisas, aunque esto no evitaría la compra de viajes al exterior con tarjeta y generaría más presión sobre el dólar marginal.
El problema de estas alternativas (a diferencia del desdoblamiento), es que no se frenan las expectativas de devaluación futura del peso, por lo cual no impactará en la brecha cambiaria. Un escenario complejo, que hoy está siendo analizado con lupa por el Gobierno.

