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En Chile, Brasil y Uruguay, la divisa bajó entre 9 y 24%

La causa principal de la inestabilidad cambiaria en el país es la acumulación de desaciertos en el manejo del gasto público, según un informe difundido ayer por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), que nuclea a economistas independientes. 

20 de enero de 2014 a las 12:01 a. m.
En Chile, Brasil y Uruguay, la divisa bajó entre 9 y 24%

La causa principal de la inestabilidad cambiaria en el país es la acumulación de desaciertos en el manejo del gasto público, según un informe difundido ayer por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), que nuclea a economistas independientes.

“Teniendo en cuenta que durante todo el año 2013 el tipo de cambio oficial creció a una tasa del dos por ciento mensual y el paralelo a razón de tres por ciento promedio mensual, los incrementos del dólar de los últimos días sugieren una nueva etapa de aceleración del ritmo al que se desvaloriza la moneda nacional”, advierte el informe.

Luego, expone cifras indicativas de que en la última década el peso argentino se depreció entre 130 por ciento (mercado oficial) y 300 por ciento (paralelo), mientras en los países vecinos del Cono Sur el valor del dólar cayó entre un nueve y 24 por ciento, según los casos. “El fenómeno es consistente con el contexto internacional excepcionalmente favorable. Altos precios de las commodities más tasas de interés internacionales históricamente bajas provocan un masivo ingreso de dólares a la región que tiende a apreciar las monedas locales. Por lo tanto, la fuerte aceleración devaluatoria que sufre la Argentina, que también disfruta condiciones externas muy beneficiosas, sólo se explica por políticas internas diferentes a las que aplican los países vecinos”, señala el trabajo.

Según Idesa, el rasgo que distingue a la Argentina es la paupérrima calidad con la que se gestiona el gasto público. La presión tributaria alcanzó un nivel récord, llegando casi a 40 por ciento del producto interno bruto (PIB). Sin embargo, el gasto público está muy próximo a alcanzar el 45 por ciento del PIB, con un fuerte desequilibrio.