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El viento fresco que sopla desde el Pacífico

Bachelet apunta a mejorar la distribución del ingreso en un contexto de racionalidad económica.

16 de marzo de 2014 a las 12:01 a. m.
Jorge Vasconcelos*
El viento fresco que sopla desde el Pacífico

América latina es una de las regiones más desiguales del planeta, por lo que hay que prestarle mucha atención a toda política que apunte a mejorar la distribución del ingreso en un contexto de racionalidad económica, que es lo que puede darle sustentabilidad al proceso. La experiencia que está iniciando Michelle Bachelet en su segundo mandato presidencial en Chile será, en ese sentido, un laboratorio de suma utilidad para la Argentina. Más todavía por el énfasis que se dará a la educación como instrumento de igualación de oportunidades y por la búsqueda de diversificación productiva, para hacer a su economía menos dependiente del cobre, pero sin renegar del aporte del metal, que representa el 50 por ciento de las exportaciones del país. Además, todo indica que Chile apuntará a ser la bisagra entre México y Brasil a través de posibles acuerdos entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur, un camino que obligará a la Argentina a apurar decisiones en materia de integración comercial. Desde principios de los '90, cuando comenzaron a gestionar los gobiernos de la Concertación, Chile ha sido uno de los países que más seriamente ha tratado de superar el tradicional movimiento pendular, propio de la región, por el cual se intercalan períodos de crecimiento a costa de la mejor distribución del ingreso y viceversa. Así, partiendo de bastante atrás, hoy presenta, en algunos ítems, los mejores indicadores de América latina en el plano social. La brecha entre ricos y pobres todavía es amplia (si se compara con Uruguay, por ejemplo) pero, en reducción de pobreza, Chile ha sido muy exitoso, particularmente en la niñez, y lo será más todavía con las primeras medidas adoptadas por Bachelet.Con un presupuesto en educación pública (4,1 por ciento del PIB) más reducido que el de Argentina, Chile parece estar usando los recursos de manera más eficaz. En la educación secundaria ha pasado recientemente a registrar una tasa neta de matrícula superior a la de nuestro país y, en cuanto a los resultados, en las pruebas PISA (para jóvenes de 15 años) las notas chilenas son mejores en las tres competencias que se evalúan (lectura, matemáticas y ciencias). No sólo eso, en la última medición del programa (2012), para el área de lectura el porcentaje de "reprobados" (notas por debajo del nivel dos) fue de 33 por ciento de los alumnos chilenos… y de 54 por ciento entre los argentinos.Pese a las mejoras, es visible cómo Chile trata de evitar la autocomplacencia... Esto contrasta fuertemente con el estado del debate en nuestro país, con una agenda en la que comenzar las clases a tiempo pareciera un gran logro, que no todos los años se concreta, tal como ocurre este año. Y la cuestión es que tenemos cada vez menos excusas, con un presupuesto para la educación pública que ya supera el seis por ciento del PIB.La política chilena no está exenta de controversias. Las reformas educativas serán financiadas con un aumento de la presión tributaria, por caso. Sin embargo, la alícuota máxima del impuesto a las Ganancias (que pasaría a 25 por ciento) todavía quedará bien por debajo de la vigente en la Argentina. El tiempo dirá si el camino elegido es el apropiado, pero de cualquier modo será sumamente útil para nuestro país seguir de cerca la experiencia.Lo interesante es que el énfasis puesto por Bachelet a favor de la educación no es sólo una respuesta a los reclamos estudiantiles de tiempo atrás. Es, al mismo tiempo, un instrumento clave para un país abierto al comercio mundial, si el objetivo es lograr una inserción más redituable, que confiera mayor dinamismo a sectores con valor agregado. En boca de un economista del espacio oficialista, se trata de adicionar al "made in Chile" el logo de "diseñado en Chile".Así, la prioridad por la educación es también una forma de redoblar la apuesta por una economía integrada al mundo. Cuando un país, como es el caso chileno, llega a un PIB de 15 mil dólares por habitante, el camino para seguir creciendo se hace más angosto, y sólo puede ser transitado si se pone la luz alta en dirección a la innovación y la productividad, a la incorporación permanente de los últimos adelantos. Son dos pilares imprescindibles, la conexión al mundo y la capacidad de absorber tecnología, pero además, de recrearla y desarrollarla.Esta estrategia enfrenta dificultades en el mundo poscrisis. El escenario está atravesado por recurrentes factores de incertidumbre. Subsiste capacidad ociosa en los países desarrollados, y esto presiona sobre los mercados y complica la competitividad de las industrias de emergentes, al tiempo que hace que las decisiones de inversión que requieren visión global se realicen con cuentagotas. El arranque de 2014 no ha sido auspicioso para países como Chile, que ha visto caer el precio del cobre un 10 por ciento en el último mes (por el enfriamiento de China), mientras la factura de importaciones energéticas no se recorta proporcionalmente debido a que la crisis de Ucrania hace temer por el abastecimiento de energía de Europa proveniente de Rusia.Es posible que estas incertidumbres refuercen la posición de los asesores de Bachelet que proponen a Chile como la bisagra entre México y Brasil, lo que implicaría tender puentes entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur. El atractivo del proyecto surge del hecho que el comercio intra-regional de América latina es sólo el 20 por ciento del total del intercambio, cuando en Asia ese guarismo alcanza al 50 por ciento. Hay mucho campo para avanzar.Chile tiene incentivos para ir en esta dirección, siempre que eso no implique cerrar su economía para el comercio frente a terceros mercados. Una forma de reducir la dependencia del cobre es, justamente, desarrollar empresas que, siendo proveedoras de la actividad minera, tengan la escala y la flexibilidad suficientes como para ser competitivas en términos internacionales en otras actividades. El mercado natural es la región, con demanda activa en áreas como la agroindustria, gas y petróleo, transporte pesado. México, a su vez, puede estar interesado en reducir grados de su dependencia con Estados Unidos y, además, su dirigencia ha mostrado convicciones con la reciente reforma petrolera. Brasil, por su parte, es uno de los países más proteccionistas de la región, pero el estancamiento de su industria en el último quinquenio está llevando a una profunda revisión de las políticas, tema que seguramente estará en la agenda de las elecciones presidenciales de octubre. La Argentina, por su lado, de ningún modo debería desacoplarse de la región si se iniciara un movimiento de estas características. ¿Estaremos a la altura?

*Economista