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El mundo, balance y perspectivas

A diferencia de los últimos cinco años, cuando las economías emergentes traccionaban el crecimiento global al capitalizar el escenario ideal derivado de un mundo desarrollado que se recuperaba lentamente pero que inyectaba liquidez en pos de minimizar los episodios de contagio financiero, 2013 marcó un punto de inflexión.

30 de diciembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Federico Furiase*
El mundo, balance y perspectivas

A diferencia de los últimos cinco años, cuando las economías emergentes traccionaban el crecimiento global al capitalizar el escenario ideal derivado de un mundo desarrollado que se recuperaba lentamente pero que inyectaba liquidez en pos de minimizar los episodios de contagio financiero, 2013 marcó un punto de inflexión. En algún punto, la aceleración de la recuperación norteamericana –con un ritmo de creación de puestos de trabajo de 195 mil por mes y una tasa de desempleo que bajó de 7,8 a siete por ciento en el último año–, gatilló la expectativa de un retiro gradual de los estímulos monetarios de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), empezando a revertir el escenario de tasas de interés muy bajas, precios de materias primas en ascenso y monedas emergentes fortaleciéndose contra el dólar norteamericano. Escenario que, como venimos sosteniendo, había extendido en el tiempo el inexorable choque con la restricción externa de las economías emergentes que financiaron una década de crecimiento económico alto con crédito barato y/o un set muy favorable de los términos del intercambio. En 2014, la historia se repetiría…La velocidad de convergencia hacia un escenario de pleno empleo de la economía norteamericana marcará el timing del retiro de los estímulos monetarios de la Reserva Federal de Estados Unidos y la profundidad del impacto sobre los países emergentes. Impacto que no será lineal al interior de las economías emergentes sino que estará directamente relacionado con los factores idiosincráticos de estos países y la capacidad de afrontar el giro de los capitales internacionales en función de los colchones fiscal, externo y cambiario.Mientras tanto, en Japón, el Banco Central continuará emitiendo dinero para alcanzar la meta de inflación del dos por ciento anual y ponerle fin a 15 años de deflación y estancamiento económico en una economía en la que el envejecimiento poblacional, la rigidez del mercado de trabajo y el sesgo hacia la frugalidad de la sociedad mantuvieron deprimidas las expectativas inflacionarias.En Europa, el descenso del costo de fondeo de la periferia europea a partir de la promesa de intervención ilimitada del Banco Central Europeo permitió la estabilización del ciclo económico y dio el punta pie a una recuperación lenta. Sin embargo, la desconexión del canal del crédito derivada de un sistema bancario que tiene que seguir aumentando los niveles de capital y familias que deben continuar reduciendo su deuda no ayudan a cerrar la brecha de productividad que aún existe en relación a los países del Norte (Alemania, Holanda y Finlandia). Al mismo tiempo, la ausencia de la herramienta cambiaria en pos de ganar competitividad en la periferia europea tampoco ayuda a acelerar la reducción de la tasa de desempleo de estos países.Atrás quedaron los problemas de contagio financiero asociados a la crisis financiera global del mundo desarrollado. Sin embargo, para 2014, además de los problemas estructurales relacionados con el desempleo de largo plazo en Estados Unidos, el sesgo deflacionario en Japón y la brecha de productividad al interior del euro, el gran desafío pasará por la sintonía fina de la política monetaria de Estados Unidos: iniciar el desarme de los estímulos monetarios sin poner en riesgo la propia recuperación de la economía norteamericana y el costo de fondeo de las economías emergentes. Según las proyecciones del FMI de octubre, la economía mundial crecería 3,6 por ciento en 2014 con economías avanzadas creciendo dos por ciento (1,2 puntos porcentuales por arriba del ritmo de crecimiento promedio del período 2007/2011) y economías emergentes creciendo al cinco por ciento (1,2 puntos porcentuales por debajo del crecimiento promedio del mismo período). Los años de bonanza para las economías emergentes parecen haber quedado atrás. De todas formas, el mundo que enfrentaremos todavía luce mejor que el de los últimos 50 años, teniendo en cuenta que la FED seguirá poniendo un techo a la suba de las tasas de interés y China un piso al precio de las materias primas.

*Economista Estudio Bein & Asociados