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El jefe Milton

Aun con algunas sombras de raros negocios tras de sí, Jorge Milton Capitanich no es un cuatro de copas.

24 de noviembre de 2013 a las 04:42 p. m.
Redacción La Voz
El jefe Milton

Quisieron las carambolas del destino que –a casi 20 años de creada la figura del jefe de Gabinete– Argentina pudiera por primera vez tener un “primer ministro” que atenúe el presidencialismo, un exceso de concentración de poder que sufren muchos países de la región.

La conveniencia política, la salud de la Presidenta y la derrota electoral del oficialismo en las legislativas de octubre se alinearon en una conjunción exacta, que permitió que la desdibujada figura del jefe de Gabinete recupere una saludable expectativa de gestión.

Aun con algunas sombras de raros negocios tras de sí (para Elisa Carrió, es “el más adorable de los corruptos”), Jorge Milton Capitanich no es un cuatro de copas. Y se suma a un gabinete debilitado, en el que aún se sostienen figuras como Julio De Vido y Florencio Randazzo, viejos acumuladores de desastres en las áreas que cada uno de ellos gobernó.

Sin el urticante Guillermo Moreno en el equipo (y con la confianza de saber de economía), Capitanich parece dispuesto a ejercer las funciones que la Carta Magna le asigna al jefe de Gabinete, entre ellas la ejecución del (dibujado) presupuesto nacional.

En sus primeros días, ninguna de las nuevas figuras centrales del Ejecutivo –Capitanich y el ascendido Kicillof– dio pistas concretas de las medidas que tomarán. Parece (quizá sólo parece) que no saben muy bien qué sintonía fina aplicar al discurso de “no vamos a cambiar demasiado”.

Temas para ocuparse no les van a faltar: el mar de fondo es la inflación que todo lo distorsiona, pero no menor es la caída de reservas del Banco Central, que a medida que pasa el tiempo se acentúa más y más. Simplemente un dato: el paso de Mercedes Marcó del Pont por el Central se tiñó con una fuga de capitales de unos 16 mil millones de dólares en casi cuatro años. De los cerca de 47.500 millones de dólares que encontró al hacerse cargo ante la escandalosa salida de Martín Redrado (por negarse a pagar la deuda pública con las reservas), hoy quedarán unos 31.500 millones.

A estos factores hay que sumar la creciente fatiga de vastos sectores productivos; en muchos casos, ya notoria y con efectos en su actividad y en la generación de empleo.

Con una ironía cruel, Hugo Moyano dijo que –al aceptar el cargo– Capitanich había conseguido el mejor camarote del Titanic. Icebergs hay en el mar que navegará el chaqueño, pero también tendrá margen de maniobra para esquivarlos.