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El cisne negro oriental

Con final aún abierto, es el combo de terremotos, tsunami y riesgo de radiación lo que concentra la incertidumbre. Federico Furiase.

20 de marzo de 2011 a las 12:02 a. m.
Federico Furiase*
El cisne negro oriental

Hasta el pasado 10 marzo, los factores de riesgo que podían afectar la recuperación de los países desarrollados estaban concentrados en la duda sobre la solvencia de los países de la periferia de Europa y los conflictos en Medio Oriente y Norte de África. Esta vez, la fuerza impredecible de la naturaleza se encargó de convertir en absurda esa sensación, al pergeñar un nuevo "cisne negro" (las palabras de Nassim Taleb para referirse a eventos sorpresivos para el espectador mundial, pero que tienen un impacto inmenso). Con final aún abierto, es el combo de terremotos, tsunami y riesgo de radiación lo que concentra la incertidumbre. Para poner en contexto, Japón representa nada menos que el 8,7 por ciento de la economía mundial en un archipiélago de 6.852 islas, que equivale a tres veces la provincia de Santa Fe y donde viven 127 millones de personas.Y es paradójico el hecho que en una sociedad como la nipona (donde la sistematización y la producción just in time –producir en base a la demanda estimada, minimizando los niveles de inventario– son los principios básicos de una productividad estructuralmente alta), a pesar de que el impacto de la tragedia es concentrado, el bloqueo de la cadena de la producción es general. Tiene un impacto directo sobre las líneas del comercio global en una economía donde el peso del comercio internacional sobre el tamaño de la economía alcanza casi el 50 por ciento.Sin embargo, eventos trágicos en la memoria reciente de la historia nipona, como los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945 y el terremoto en Kobe en 1995, posiblemente forzaron una conducta prudente y frugal en los japoneses. Y aunque suene hasta inverosímil desde la estructura de incentivos de los hacedores de la política local que sólo priorizan el foco del corto plazo, ahorrar en épocas de vacas gordas a veces rinde sus frutos. Y lo que siempre se señala como el talón de Aquiles de la economía nipona –el fuerte sesgo al ahorro y a la producción externa, con el efecto colateral de una deflación estructural– hoy bien puede convertirse en la fuente principal de financiamiento para poner en marcha otra vez el sistema. Mientras el déficit del Gobierno asciende al siete por ciento del PBI, con una deuda que supera el 200 por ciento del PBI, los agentes privados ahorran nada menos que el 10 por ciento, con una alta concentración en bonos del gobierno. Precisamente, la paradójica apreciación (fortalecimiento) del yen japonés, que tocó el mayor nivel frente al dólar desde la Segunda Guerra Mundial, es una manifestación de un mercado financiero que descuenta la repatriación de capitales locales luego de la tragedia en pos de financiar la reconstrucción del país. Esta situación recuerda el comportamiento de las polis griegas que, tras la amenaza de invasión extranjera, se unían para enfrentar al enemigo.¿Y el impacto sobre la economía mundial? Dependerá directamente de la magnitud que pueda llegar a tener la crisis nuclear que, macabramente, hoy especulan los mercados. Si se acota este riesgo, la corrección en los mercados por la suba de la aversión al riesgo será transitoria y, tras uno o dos trimestres de recesión de la economía nipona, hacia el segundo semestre de 2010 Japón emprenderá, una vez más, el camino de la recuperación en el marco de una economía global que seguirá creciendo a buen ritmo. Pero si el "cisne negro" de la tragedia de Japón llega con ínfulas de depredador y el riesgo nuclear se convierte en tragedia, el impacto sobre el curso de la economía global será persistente.

*Analista de Estudio Bein & Asociados