El abismo entre 23,5 y 10,9%
“La única verdad es la realidad” gustaba decir el General que terminó como un “león herbívoro” intentando pacificar el país. Roxana Acotto.
"La única verdad es la realidad" gustaba decir el General que terminó como un "león herbívoro" intentando pacificar el país. Y la realidad muestra que el Gobierno se va a quedar –inexorablemente- sin margen para sostener más allá de 2011 (suponiendo que gana en octubre) muchas de las políticas que caracterizan al "modelo". Es que los superávits gemelos (balanza comercial y cuentas fiscales) se aflacan o ya desaparecieron, según cómo se computen ingresos y egresos públicos con pagos de intereses y servicios de deuda.Los torpes esfuerzos de Moreno por mantener el superávit comercial son un claro intento de "ganar tiempo". Trabas que generan roces serios con socios comerciales, imposiciones que llevan a automotrices a exportar cereales y chicanas variopintas que determinan, por ejemplo, que no haya teléfonos BlackBerry disponibles. Con un dólar "administrado" en torno a los 4,15 pesos (aunque el dólar azul siempre está unos pasos adelante) y una inflación galopando al 25 por ciento anual, la tarea del Secretario de Comercio será imposible (antes o) seguramente después de las elecciones de octubre.El meollo sigue siendo que la única "política" contrainflacionaria del Gobierno es la administración del valor del dólar. Si con la moneda verde "pisada" la "inflación Congreso" marca 23,5 por ciento anual, si el Gobierno suelta las riendas a la divisa mejorará la balanza comercial y también los ingresos vía exportaciones, pero agravará las pujas distributivas en un mercado interno que camina en tenso equilibrio.Desde este espacio fuimos ingenuos cuando –un tiempo atrás– creímos en la buena voluntad de Boudou para ir hacia una nueva metodología de medición del IPC. Como Moreno ahora, el ministro sólo quería ganar tiempo entonces. Es más, el ministro dijo esta semana que el comportamiento de los precios es el normal en una economía como la nuestra, en permanente expansión, remachando la increíble posición oficial de desconocer el problema de la inflación que nadie cree en 10,9 anual (y que ya en esos valores mentirosos son unos de las mayores tasas del mundo en la materia).La diferencia entre el 23,5 por ciento que miden –en promedio y amparadas por el biombo del Congreso– las consultoras privadas y el 10,9 por ciento que acusa el Indec hay mucho más que 12,6 puntos. Hay un abismo conceptual y filosófico que separa cada vez más sus paredes y donde cada vez será más difícil tender puentes para unirlas.

