Economía global enrarecida: riesgo y oportunidad para Argentina
Si ordena su macroeconomía y arregla con los holdouts –dos condiciones nada fáciles– nuestro país podría beneficiarse por ser un emergente “diferente”.
Buena parte de la atención política y de los medios de nuestro país han estado concentrados últimamente en la economía doméstica. Pero es hora de volver a dar un lugar mucho más destacado a la situación internacional en el análisis: la coyuntura global está cambiando de manera acelerada y en un sentido negativo. La forma más simple de ilustrar cómo ha cambiado la situación es comparar la visión de la FED (Reserva Federal de los Estados Unidos) del 15 de diciembre del año pasado –cuando decidió aumentar la tasa de referencia en un cuarto de punto– con lo expuesto por Janet Yelen, presidenta de la FED, en su reciente presentación ante el Congreso. En diciembre, los argumentos que se presentaron para incrementar la tasa luego de un largo período de quietud eran que la economía norteamericana estaba ya retomando la velocidad crucero en su crecimiento, con un buen ritmo de creación de empleos –y desempleo bajo– y donde se esperaba que la tasa de inflación comenzara a acercarse a la meta del dos por ciento, dejando atrás la tan temida deflación.
Compás de espera
Nada de esto ocurrió, sin embargo, de la forma que se esperaba. No sorprende que, entonces, los mercados estén ya apostando a que no habrá una corrección alcista de la tasa de la FED en marzo. Y tampoco sorprende que Yelen no se haya esforzado por cambiar esa expectativa en su exposición en el Congreso. De forma muy cauta expresó que “el jurado está aún deliberando” y que la FED tiene una actitud de “espera atenta”.
A la hora de interpretar la posición que podría tomar la FED en el futuro, sin embargo, sería erróneo observar sólo los indicadores de Estados Unidos. Esto es así porque el problema no es tanto que las cifras del último trimestre y las más recientes de este año fueron algo desalentadoras en Estados Unidos –tampoco lo fueron tanto– sino que esas cifras fueron acompañadas de una evolución negativa en el resto de la economía global.
Es interesante comentar que muchos analistas argumentaron en diciembre de 2015 que la suba de tasas de la FED no tendría efectos porque los mercados ya la habían descontado. Esto es cierto en los mercados financieros donde las decisiones repercuten instantáneamente. Pero para ver las consecuencias en la dimensión real de la economía hay que esperar más y, además, como se dijo, considerar lo que hace el resto de los países. Y lo que hoy estamos viendo son esas consecuencias. Entre las que consideramos más preocupantes y pueden influir en la visión de la FED y la evolución global están las cuatro siguientes:
Primero
. Luego de un año largo en que el dólar se apreció, las exportaciones de Estados Unidos cayeron un 4.8 por ciento y el déficit comercial subió un 4.6 por ciento. Esto implica menos trabajo para Estados Unidos porque caen sus exportaciones y una incipiente vuelta al mundo de los desbalances globales previo al
quantitative easing
y que se reveló insostenible.
Segundo.
Se vuelve a reforzar la situación de “trampa de liquidez” en los países avanzados. Es decir, una situación en la que los agentes gastan poco en consumo e inversión y aparecen tendencias recesivas.
Tercero.
Como se incrementó la incertidumbre sobre las monedas emergentes y la capacidad de crecer, salen capitales, se generan tendencias recesivas y la economía global pierde uno de los motores que la sacó de la crisis de 2008-2009, que fueron China y los emergentes.
Cuarto.
En este contexto de menor crecimiento global y apreciación del dólar, el precio de las
commodities
ha caído sensiblemente. Esto deterioró la posición financiera de varios países y empresas como las mineras y petroleras, lo que deterioró sus balances corporativos y no es independiente de la volatilidad de los mercados de capital que estamos observando, con las cotizaciones moviéndose a la baja con el precio del dólar.
Probablemente, ante la observación de estos hechos, los encargados de las decisiones en la FED van a considerar con mucho detenimiento la evolución de la economía global antes de tomar decisiones relativas a la tasa de interés de referencia.
¿Cómo se inserta nuestro país en este contexto? Las noticias no son alentadoras y sería muy positivo, obviamente, que la FED no se equivoque en sus próximos pasos. Pero, más allá de esto, si ordena su macroeconomía y arregla con los holdouts –dos condiciones nada fáciles– nuestro país podría beneficiarse por ser un emergente “diferente”, en el sentido de que muestra niveles de apalancamiento muy bajos en un contexto de aumento en la incertidumbre financiera.
Si se ordena, seguramente nuestro país podría contar con un par de años en los que el crecimiento estaría impulsado por el proceso de dejar de ser “diferente”. Durante ese proceso se podría tomar deuda, recibir inversión directa y repatriar capitales para alimentar el crecimiento. Claro que si en ese período no se establecieran bases más sólidas para el crecimiento sostenido, habría poco que esperar con posterioridad.

