Temas del día:

Crecer en el reino de la medicina

Si bien esta institución médico-asistencial depende de una fundación universitaria jesuita, la conducción tiene claro que, junto con la buena práctica médica, hay que asegurar los resultados financieros y las inversiones.

19 de mayo de 2013 a las 12:03 a. m.
Crecer en el reino de la medicina
Atender dos frentes. Para Ricardo Theaux, la clínica debe persistir en su compromiso ético pero también en afianzar su tamaño y presencia en el mercado de la salud (Facundo Luque/La Voz).

Combinar la práctica médica con el negocio, pero sin perder de vista también la raigambre cristiana del proyecto, es la principal tarea que todos los días encara Ricardo Theaux cuando abre la puerta de su despacho en la Clínica Universitaria Reina Fabiola. La institución viene experimentando un acelerado camino de crecimiento en el mercado de la salud. Con 450 médicos y residentes, 400 empleados, 35 mil consultas mensuales y un nuevo edificio en plena construcción, está claro que tan importante como la ética, la atención del paciente y la fe, son los resultados económicos.

–¿Conduce la clínica y ejerce la profesión?

–Sí, mi especialidad es medio rara, neuropatología.

–¿Por qué rara?

–Porque somos dos especialistas en el país, uno en Buenos Aires y yo acá. De México para abajo, somos seis. Es la anatomía patológica aplicada al sistema nervioso. En cuanto a tumores del sistema nervioso central, hay patólogos generales, pero digamos que los centros más específicos me envían los estudios directamente a mí. Y luego trato la patología del músculo y nervio periférico.

–Estadísticamente, ¿hay un número grande de pacientes con estas dolencias?

–No, por eso es que no hay tantos especialistas. Yo tuve que ir a formarme a Bélgica, dado que la Universidad tiene un convenio histórico desde su fundación con la Universidad Católica de Lovaina. Estuve allá tres años, volví en 1992 a hacer esta especialidad. Son casos aislados, no es como las biopsias de piel o estómagos. En un centro grande como el nuestro entran 50 o 60 biopsias diarias, pero de éstas son contadas. Nadie podría vivir de esta especialidad solamente.

–Bueno, ¿y qué es más difícil, vivir de la profesión o administrar un centro médico?

–Todo tiene su parte fácil y su parte complicada. Uno cuando estudió medicina lo hizo para aprender el acto asistencial. Si bien esta es una Clínica universitaria, entonces todos estamos acostumbrados a la parte académica también. Cuando uno está en la carrera de grado y de posgrado, no se forma en administración. Pero luego apareció esta necesidad y entonces sí me formé en administración.

–La Católica tiene una conocida y excelente escuela de negocios, el Icda, o sea que usted salió como el pan recién horneado de ahí.

–Sí, aprovechamos esa posibilidad. Ahora hay inclusive una maestría específica en administración de servicios de salud, que la está cursando nuestro director médico, Enrique Majul. Tenemos pautas muy claras de objetivos y manejo administrativo de la Clínica que nos fueron fijados por la Fundación para el Progreso de la Universidad Católica que conducen los sacerdotes jesuitas.

–Es decir, crecer en el negocio pero con ciertos límites en cuanto a cómo hacerlo.

–La misión, visión y valores están bien determinados y todos los que participamos debemos cumplirlos porque esta es una institución que debe ser rentable para reinvertir permanentemente, porque aquí no hay alguien que se lleve las ganancias, lo cual es legítimo pero no está dentro de nuestro modelo de negocios. Aquí debemos sostener la relación médico–paciente en un ámbito de respeto y dignidad con la persona que viene a atenderse.

–Lo más difícil en el ancho y largo mundo de la medicina es justamente eso.

–Ahora, esto que le digo no significa que seamos una casa de caridad que no mire sus necesidades financieras. Aquí adentro tuvimos un debate muy intenso con este tema. Nos pasaba que venían pacientes de obras sociales que no pagaban nunca, o que nos pagaban un año después de realizada la consulta.

–Un debate para alquilar palcos y escuchar.

–Entonces los médicos que habían puesto su tiempo, sus conocimientos y su propio riesgo en la atención se sentían muy mal porque era como que les hacían ejercer de hecho la caridad. En consecuencia cortamos por lo sano, dejamos de atender esas obras sociales y nosotros elegimos cuándo, dónde y con quién ejercer la caridad, donar nuestro tiempo e infraestructura. Lo hacemos a través de la Fundación Manos Abiertas. Ellos nos indican quiénes necesitan nuestra solidaridad y ahí estamos.

–Volvamos a lo administrativo. ¿Les cuesta a los médicos asumir que hay una caja, una cuenta corriente, obligaciones que pagar y necesidad de tener rentabilidad?

–Muchísimo. Además, en nuestro caso es estar prácticamente todo el día en reuniones. Almorzamos y merendamos en las reuniones, antes podíamos parar un rato al mediodía para comer, pero la clínica viene con un dinamismo y un desarrollo tan intenso que se acabó esa pausa (sonríe).

–Fieles a su compromiso con la producción y la economía, ¿los jesuitas los sientan a ustedes una vez al año para que les rindan cuentas?

–¿Una vez al año? Todas las semanas tenemos esa evaluación con los responsables de la Fundación a la que pertenecemos. Sí, sí, el seguimiento es constante y yo creo que eso ha determinado este creciente posicionamiento como referentes de la medicina que tenemos en el medio. Nos faltan cosas, por ejemplo, aquí no se hacen trasplantes, pero la Clínica es una referencia obligada en la atención de la salud.

–Está cada vez más difícil financiar a la salud. ¿Por qué?

–Existen muchos factores que llevan al encarecimiento de la medicina.

–Hace poco me decía una empresaria de medicina prepaga, hay estudios que los salarios argentinos no pueden sostener. ¿Está de acuerdo?

–Le respondo así. Supongamos que usted tiene neumonía y yo le indico un tratamiento. Tal vez por determinada razón su organismo se hizo resistente al antibiótico que le prescribo y no se curó como esperaba.

–Lo sigo, ¿entonces?

–Tal vez usted vaya a otro médico o se cruce con alguna persona que le diga: “Che, ¿pero no te hicieron una tomografía?”. Yo, como su médico, puede que no haya considerado necesaria una tomografía porque con las radiografías me bastaba para detectar la neumonía.

–Lógico.

–El siguiente paso es que usted vaya a otro médico, le comente esta situación y finalmente le pidan una tomografía. Ahí es cuando comenzamos a hacer cara la medicina porque si esa escena se multiplica por miles de pacientes, los recursos que se van en algo innecesario son millones y millones. Ese cuadro, donde sólo había que cambiar el antibiótico y punto, genera otra escena cada vez más frecuente: aunque no lo necesite el médico, pide radiografía, tomografía, resonancia, todo, porque si no alguien le va a preguntar a usted que es el paciente en su oreja: ¿no le hicieron tal cosa? Pasamos de la práctica médica a ejercer la medicina defensiva… Y ni hablar de Internet.

–¿Qué pasa con Internet? ¿El famoso autodiagnóstico?

–A una persona se le presenta un problema pulmonar y lo primero de lo que se habla es de una segmentación pulmonar, cuando hay pasos previos que se pueden dar. Estoy seguro que con esta mastectomía de Angelina Jolie van a aparecer mujeres a querer hacerse el estudio para determinar el riesgo de padecer genéticamente ese tumor que afecta al 10 por ciento de las personas. Un estudio solo no es caro, pero si pasa a ser masivo, entonces… El punto es que jamás hay que perder el criterio del médico frente a una situación.

–¿Qué le piden a un médico para que ingrese aquí?

–Además de la formación, especialización, capacidad técnica, etcétera, requerimos predisposición hacia lo académico para formar gente. Cuidamos la relación médico–paciente, hay pautas mínimas pero la Clínica no hace centro en la alta rotación del consultorio. Eso es algo que al paciente también le cuesta comprender. Usted está en la sala de espera y se fastidia por la demora, pero yo le pregunto, ¿cuándo el médico lo atiende, le gusta que lo despache en 10 minutos?

–No.

–Por eso, compartir los valores de la Clínica es un eje central para estar aquí.

–¿Cómo deciden la orientación de la inversión?

–Manejamos plata justa, no tenemos margen de error ni millones de dólares para equivocarnos a cada rato. Entonces miramos mucho lo que hay afuera para ver qué aplicamos. Acabamos de obtener la acreditación plena con Mérito, la más alta calificación otorgada por el Instituto Técnico para la Acreditación de Establecimientos de Salud, en reconocimiento a los procesos de gestión y calidad médica.

–Algo así como las normas ISO en la industria.

–El concepto es similar. De esta forma nos convertimos en la primera clínica polivalente de la provincia de Córdoba en obtener esta norma. Ojo, no es un certificado de que aquí solucionamos todos los problemas de salud porque eso es algo imposible, sino de que se siguen todos los procesos que corresponden con la seguridad del paciente, desde que usted es recibido, pasando por la internación, la higiene, hasta la sala de operaciones.

–¿Qué son esos cimientos que hay ahí a la vuelta?

–El nuevo edificio. Lo tomamos como una etapa intermedia de un proyecto superador. Hoy tenemos 9.500 metros cuadrados de Clínica y estamos levantando otros 11 mil metros para atención ambulatoria. En la actual estructura queda cirugía, internación, diálisis, por mencionar algunas cosas.

–¿Con qué fondos lo hacen?

–El 60 por ciento son recursos propios que hemos ido juntando año tras año, y el resto es financiado por vía bancaria contra garantía de bienes inmuebles de la Universidad. También el próximo 1º de enero se producirá la definitiva integración de la Clínica Natividad especializada en pediatría a la estructura de Reina Fabiola. Ve, a eso también lo hacemos con los criterios que caracterizan a esta institución.

–¿En qué sentido?

–Nadie se va a dar cuenta, ni los empleados. Todos mantienen su actividad y condiciones económicas. Podríamos haber empezado de cero con cada uno por el cambio de la razón social, era posible y era legal. Pero no, si tenemos una enfermera que lleva 30 años atendiendo niños, sabe cómo hacerlo, y le faltan cinco años para jubilarse, preferimos seguir disfrutándola el tiempo que le queda aquí.

–¿Van a tener un plan de salud propio como es la tendencia en las clínicas privadas?

–No, para nada. En Barcelona hemos visto que la tendencia mundial es que el paciente vaya al médico que quiera, llevando su chip con la historia clínica. Libertad total de decisión. Es verdad también que cada institución tiene una inclinación de especialidades. A nosotros nos reconocen mucho por el servicio materno–infantil.

–A cargo del doctor Andrés Gomila padre, un referente.

–Exacto, es un baluarte, pero eso no impide que seamos buenos en otras cosas.

–¿Tendrán utilidades este año?

–Sí, todos los años tenemos para la reinversión. Tenga en cuenta que en esta actividad la rentabilidad nunca supera el tres o cuatro por ciento, con suerte y viento a favor.

–¿Cuántas veces vino la reina Fabiola de Bélgica a la Clínica?

–Dos veces estuvo aquí, ella vive; su esposo el rey Balduino, falleció. El inspirador fundamental de la clínica fue el padre Jean Sonet, que era el confesor de la reina y quien la convenció para que solventara económicamente tanto a la Universidad como a la clínica. Él vino a la Argentina por tres meses y se quedó 30 años.

“El Richard”

Nombre. Ricardo Theaux.

Edad. 52 años.

Casado con. Albina

Hijos. Lucas, Flavia, Jonathan y Débora.

Especialidad. Neuropatología

También es. Docente de la Facultad de Medicina de la Católica.

Médicos y residentes. 450.

Empleados. 400.

Consultas mensuales. 35 mil.

Le gusta. El golf.

Teléfono. (0351) 414-2121.

Web. www.clinicareinafabiola.com.ar